El arduo trabajo no le borra la sonrisa de satisfación a Estelia Vélez.

Fotos | Albeiro Rudas | LA PATRIA El arduo trabajo no le borra la sonrisa de satisfación a Estelia Vélez.

Desde muy temprano una calle del barrio San Vicente de Paúl de Anserma (Caldas) se llenó de fogones de leña y música en medio de un fuerte sol.

Poco a poco fueron llegando a la caseta comunal grandes fondos de ollas con chicharrones, natilla buñuelos, racimos de plátano y yuca; se cocinó el almuerzo para cerca de 300 personas.

Esta actividad la lideró Estelia Vélez, una mujer que a sus 72 años lleva celebrando la Navidad en un barrio diferente de Anserma desde hace 25 años.

Lo más destacable es que durante todo el año está acompañada de sus hijas Gloria, Mónica, Yomaira, Aceneth y Fernanda, quienes se arman de voluntad y trabajan al ritmo de su mamá.

Estelia es una hormiguita que reparte comida todo el día, y entrega regalos a comunidades vulnerables.

“Cada año escogemos un barrio diferente para celebrar la fiesta de Navidad. En esta ocasión quisimos hacerlo aquí porque encontramos personas muy necesitadas. Yo soy vicentina y pertenezco a la Asociación de San Vicente, por eso quisimos compartir esta actividad en este sector”, expresó Vélez, quien manifestó su felicidad al ver a los niños disfrutar y a los adultos mayores participar de la jornada.

Durante la integración, la comunidad del barrio compartió un almuerzo con sancocho, empanadas, fritanga, natilla y buñuelos, además de la entrega de regalos para los niños. Entre los aguinaldos hubo 20 bicicletas.

Los niños son el princpal objetivo de cada fiesta navideña.

Los benefactores

Estelia Vélez agradeció a Leonor Giraldo y Claudia Cortés, quien viajó desde Cali y donó 500 empanadas. También resaltó el aporte de Orlando Raigosa y a los demás patrocinadores que hicieron posible la actividad. La amplificación de la música a cargo de Ferney Cardona

“Esta labor no la hacemos solos. Son muchas las personas que se vienen con nosotros a trabajar de manera voluntaria. La mayor satisfacción es ver a la gente feliz”, señaló la líder comunitaria.

Es tanto el agite que Estelia en muchas oportunidades menciona a sus benefactores con solo el nombre coo Gloria, quien reside en Cali, también gestiona apoyos de personas de otros países para la compra del cerdo y los regalos.

Vélez afirmó que continuará con este trabajo comunitario mientras Dios le dé fuerzas. “Me considero una persona alegre y estar al lado de mi familia es la mayor satisfacción. Le pido a Dios que me siga dando esta fuerza para continuar apoyando a estas comunidades”, concluyó.

Al final de la tarde Estelia recogió sus ollas y, bañada en sudor y con la compañía de sus hijas, regresó a su casa con la satisfacción del deber cumplido.

 

Estelia con sus hijas y el sacerdote Uriel Palacio.

 


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