Didier Alonso Marín Salazar se ha sabido ganar el cariño y admiración de los habitantes de Aranzazu y que no la ha tenido fácil para salir adelante.
De su infancia se sabe que estudió solo primero de Primaria en la ya desaparecida escuela Roberto Agudelo, en el sector de las Galerías.
Lo suyo, señala, no eran los salones de clase, por eso dejó de estudiar y se quedó en la casa mucho tiempo. Luego trabajó como lavavajillas en el bar Capri, también hoy desaparecido, donde estuvo varios años, incluso sirviendo tintos y pintaditos.

Recuerda que, siendo niño, en una ocasión llegó al pueblo un circo que ubicó su carpa en la entrada al matadero sobre la salida a Salamina; Didier, como niño curioso, subió en horas de la tarde a conocer de que se trataba. Cuando lo vieron los dueños del circo, lo llamaron y le dijeron que si se quería ir con ellos a viajar por los pueblos, él pensó que era cerquita y les dijo que sí. “No sabía que la idea de los empresarios era robarme y hacer un show con una enanita que andaba ya con ellos”, afirma.
Mientras esto sucedía, los papás de Didier lo andaban buscando por todo el pueblo. Una persona les comunicó que lo habían visto por el circo, fue así que subieron corriendo pues ya eran casi las 11:00 de la noche y encontraron que estaban desbaratando las carpas para volarse con el niño, quién regresó a su casa asustado.
Todero

Pasaron los años y siempre encontró trabajo en los bares y cafeterías del municipio como lavavajillas y esporádicamente, mesero. También fue vendedor ambulante de dulces, voluntario de la Defensa Civil, una de sus pasiones, y portero de una discoteca que en su tiempo se llamó Santo Remedio, por ello se vestía de monje a las horas del trabajo.

El andar trabajando en este mundo, hizo que el consumo de licor fuera frecuente, razón por la cual su mamá habló con una amiga para que lo llevara para Medellín a trabajar en una fábrica de vestidos de baño, allá lo cogió la pandemia, época difícil, pues le tocó estar encerrado lejos de su familia.
Los domicilios
Luego regresó a Aranzazu, pero no encontraba qué hacer. Un día una sobrina le solicitó llevar una bicicleta a otro familiar, lo cual cumplió de inmediato; la familiar destinataria decidió regalarle la bicicleta para que hiciera mandados.

Ahí vio una oportunidad laboral. A la bici le amarró una canasta y empezó a hacer domicilios, trabajo duro debido a que Aranzazu tiene la mayor de sus calles empinadas.
Dos amigos viendo este deseo de salir adelante, sacaron una rifa y le compraron una cuatrimoto para que hiciera sus domicilios, con la condición que no volviera a tomar licor.
Desde entonces se levanta todos los días temprano, se encomienda a Dios y repite la frase, “hoy no voy a tomar”, y trabaja desde las 7:00 de la mañana, hasta entrada la noche. Ya lleva casi dos años sin consumir licor.

Haga clic aquí y encuentre más información de LA PATRIA.
Síganos en Facebook, Instagram, YouTube, X, Spotify, TikTok y en nuestro canal de WhatsApp, para que reciba noticias de última hora y más contenidos.