El agresor ya había atacado en otras ocasiones, pero la víctima temía denunciarlo.

Foto | www.pixabay.com | LA PATRIA

El agresor ya había atacado en otras ocasiones, pero la víctima temía denunciarlo.

Seis meses de relaciones fueron una tortura para una mujer en Manizales, quien ante las constantes agresiones físicas, verbales, psicológicas y las restricciones para hablar con su familia a manos de su pareja decidió dar por terminado el vínculo, aunque eso fue apenas el inicio del tormento.

Ella le terminó en marzo del 2024, pero el sujeto identificado como Ariel, de 51 años, la siguió buscando, hasta que el 1 de julio del 2024 intentó matarla dentro de un apartamento en el Centro.

Los ataques iniciaron cuando ella le reclamó por robársele el dinero del arriendo y este aseguró que a él le correspondía la mitad. En otra ocasión, durante una reunión familiar, sostuvieron una discusión, la golpeó en la cara y apuñaló a una familiar.

También, un mes después, le golpeó la cara y le advirtió que si lo denunciaba les haría daño a la madre e hija de su víctima, y le robó unas joyas. En marzo de nuevo la atacó y tras finalizar la relación, la siguió persiguiendo al trabajo, pues según él, ella no era de nadie.

El 1 de julio la llamó insistentemente porque deseaba entregarle unas frutas, pero cuando ella llegó al apartamento y abrió la puerta, Ariel la agarró por la espalda y empezó a estrangularla, en medio de insultos. Luego le manifestó que no la mataba para no dejar el apartamento ensangrentado, la iba a dejar morir y se marchó.

 

La ayudaron y denunció al atacante

Una vecina la auxilió posteriormente y la llevó hasta el Centro de Traslado para Protección (CTP), en donde recibió asistencia de los policías. Se desmayó y cuando recobró el sentido la llevaron a un hospital, con evidentes marcas en el cuello.

Con las pruebas recolectadas, la Fiscalía le imputó cargos una semana después y no aceptó. En febrero pasado se llevó a cabo el juicio oral ante el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Manizales, y el lunes lo condenó a pagar 20 años y 10 meses de prisión por intento de feminicidio agravado. No se da el nombre para no revictimizar a la mujer.

 

Testigo de múltiples agresiones

La madre de la víctima supo de las agresiones a manos de Ariel porque siempre la llamaba y dejaba el celular en altavoz, conversaciones en las que se escuchaba cómo la atacaba.

 

Temor a denunciar

La víctima narró que nunca acudió a un hospital ante las agresiones anteriores porque su verdugo era impulsivo y por eso le tenía miedo.

Desde el día que intentó matarla, no volvieron a comunicarse, aunque él la llamaba constantemente.

 

Víctima de todo tipo de violencia

El juez concluyó que la mujer fue víctima de violencia física, verbal, psicológica y por aislamiento de su expareja, Ariel.

El último ocurrió en un contexto de violencia de pareja y violencia basada en género. Los hallazgos clínicos fueron concluyentes para condenar al feminicida.

 


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