En lo profundo de las montañas y selvas de Colombia hay hombres que aceptan una misión que pocos se atreven a asumir, defender a la patria incluso a costa de su propia vida.
Uno de ellos fue el soldado profesional Yeudy Osorio Córdoba, quien entregó su vida en cumplimiento del deber, defendiendo la seguridad y la tranquilidad de los colombianos en la espesura de la Orinoquía colombiana, en Guaviare.
En febrero pasado, tropas de la Fuerza de Despliegue Rápido 10 sostuvieron intensos combates en zona rural de San José del Guaviare, contra integrantes del grupo armado organizado residual Estructura Isaías Carvajal, disidencias de las Farc al servicio del cabecilla alias Calarcá.
En medio de estos enfrentamientos asesinaron al soldado profesional Yeudy Osorio Córdoba, natural de Victoria (Caldas), mientras cumplía su misión de proteger a la población civil y a la soberanía de la patria. En el mismo hecho también resultaron heridos dos suboficiales y siete soldados profesionales.

Homenaje a un hijo
Hoy, lejos de aquel escenario de combate, el homenaje al hombre y al soldado que se abandonó por una causa que pocos aceptan, llega hasta las raíces y al hogar donde comenzó la historia de vida, de este soldado de la patria.
En nombre del comandante del Ejército Nacional, el mayor general Royer Gómez; el comandante de la Quinta División del Ejército Nacional, brigadier general Carlos Ernesto Marmolejo Cumbe, se desplazó hasta el municipio caldense, donde residen los padres del soldado Osorio Córdoba.
En esta tierra montañosa, en una zona rural donde el silencio del campo se mezcla con el recuerdo de un hijo que partió a servir a Colombia, sus padres recibieron un símbolo cargado de profundo significado, la estatuilla del soldado.
Una figura que representa más que un uniforme. Representa al hombre que deja su hogar para proteger a millones de colombianos que quizá nunca conocerá. Representa el valor, el sacrificio, la disciplina y la lealtad. Representa al soldado que permanece firme, incluso en los momentos más difíciles, cuando el deber exige más que palabras.
En sus exequias, realizadas en su tierra natal, familiares, amigos y vecinos se reunieron para darle el último adiós a este héroe de Colombia. Entre lágrimas y aplausos, cuando el féretro salió del lugar, una voz se elevó entre la multitud y fue repetida por muchos más, “¡Eres mi héroe!”. Era el reconocimiento sincero de un pueblo agradecido.
A su lado, formados con respeto y profundo dolor, estaban sus hermanos de armas del Ejército Nacional. En medio del silencio solemne, se realizaron salvas de fusil, un honor reservado dentro de la Fuerza, únicamente para aquellos soldados que han entregado su vida en cumplimiento del deber, defendiendo a Colombia hasta el último instante.
Cada disparo al cielo fue un tributo a su valor, a su sacrificio y a la misión que cumplió con honor. Porque para la familia militar, estas salvas no solo anuncian una despedida, también proclaman que un soldado cumplió su misión.
Para los padres, la vida siempre está llena de experiencias. Se preparan para ver crecer a sus hijos, para acompañarlos en sus sueños, para celebrar sus logros. Pero hay algo para lo que ningún padre en el mundo está preparado, despedir a un hijo.
Y, aun así, con dignidad y fortaleza, esta familia honra hoy la memoria de un héroe.
El soldado profesional Yeudy Osorio Córdoba no solo fue un hijo, un compañero o un amigo. Fue un defensor de la vida, la seguridad y la tranquilidad de los colombianos.
Misión cumplida
Su misión en la tierra terminó. Pero su ejemplo permanece, en la memoria del Ejército Nacional, en el corazón de su familia y en la historia silenciosa de quienes defienden esta nación, quedará grabado un mensaje que hoy resuena con fuerza, soldado Yeudy Osorio Córdoba… misión cumplida.
*Información del Ejército Nacional
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