Alejandro Soto Gallego, de 21 años y natural de Armenia, pretendía demostrar que no estaba en sus cabales cuando asesinó a Arsenio Rivera Rivera, el 20 de septiembre en la finca La Riviera, de la vereda El Roble, en Villamaría.
Sin embargo, no pudo demostrar su inimputalidad y ante las pruebas del crimen, no vio otro camino que aceptar la autoría del crimen, aunque lo hizo tras obtener un preacuerdo con la Fiscalía.
Ante el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Manizales se presentó la negociación, que consistía en una rebaja de pena, pasó de autor a cómplice y pagará 19 años y 7 meses, según la sentencia emitida el martes.
Lo hallaron apuñalado
Arsenio era un reconocido miembro de la comunidad en zona rural de Villamaría. Era natural de Chiquinquirá (Cundinamarca) y llevaba 34 años viviendo en el municipio caldense, donde se dedicaba a la agricultura y a la crianza de pollos.
También tenía un puesto en la Galería de Manizales, donde trabajaba con su hijo. Solía levantarse a las 3:00 de la mañana para iniciar sus labores. El día del crimen, el joven había bajado al casco urbano a recibir el cuido para las aves y unos semilleros. El transporte estuvo demorado.
Al llegar a la vivienda, los familiares de Arsenio lo vieron tendido sobre el corredor y sin vida. Sufrió 91 puñaladas. Investigadores de la Sijín de la Policía Metropolitana identificaron al homicida y un mes después lo capturaron en la vereda Llanitos.

Con sevicia
Según las autoridades, el homicidio fue agravado a causa de la sevicia y el estado de indefensión de la víctima. Soto Gallego trabajaba para Arsenio.
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