Fotos | www.freepik.es | LA PATRIA | Los menores de edad suelen pasar por complicaciones respiratorias en la temporada.
Con la llegada de la temporada de lluvias, las consultas por infecciones respiratorias comienzan a aumentar de manera sostenida. Cada año, cuando aparecen las primeras precipitaciones, se incrementan los casos de tos, fiebre y dificultad respiratoria, especialmente, en niños y adultos mayores.
Aunque existe la creencia popular de que “mojarse bajo la lluvia causa gripa”, la explicación médica es más compleja y está relacionada con la forma en que el cuerpo reacciona a los cambios de temperatura, humedad y comportamiento social.
Es importante atender los síntomas tempranos, ya que la enfermedad respiratoria causa entre 41 mil a 72 mil muertes respiratorias cada año en la región de las Américas (incluyendo Norte, Centro y Sudamérica + el Caribe), según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ramiro Cubillos, gerente médico de La Santé, explica que “cuando inhalamos aire frío y húmedo, la temperatura de la mucosa nasal disminuye y se produce un fenómeno llamado vasoconstricción, es decir, que los vasos sanguíneos se contraen ligeramente. Esto reduce el flujo de sangre en la nariz, que es nuestra primera línea de defensa frente a los virus. Al llegar menos células de defensa a esa zona, las vías respiratorias se vuelven más vulnerables y facilitan la entrada de agentes infecciosos”.
Además, en los pulmones y la tráquea existen unos pequeños vellos microscópicos llamados cilios, cuya función es movilizar el moco y expulsar microorganismos. En ambientes fríos y húmedos estos cilios disminuyen su velocidad, lo que favorece que los virus permanezcan más tiempo en el sistema respiratorio.
A esto se suma un factor ambiental importante: durante las lluvias pasamos más tiempo en espacios cerrados, con menor ventilación, lo que incrementa la circulación de microgotas respiratorias y facilita el contagio masivo.
Las comunes
En esta época del año, las enfermedades más frecuentes incluyen el resfriado común o rinofaringitis, que suele manifestarse con estornudos, congestión y dolor de garganta leve; la influenza, que aparece de forma súbita con fiebre alta, dolor muscular intenso y gran agotamiento; la bronquitis aguda, caracterizada por tos persistente que puede acompañarse de flema; y, en los casos más graves, la neumonía, una infección en la que los alvéolos pulmonares se llenan de líquido o pus y pueden comprometer seriamente la oxigenación.
Si bien muchas virosis pueden manejarse en casa con reposo e hidratación, existen señales de alarma que requieren valoración médica inmediata. La dificultad para respirar, incluso en reposo; la coloración morada o azulada en labios o uñas; el dolor punzante en el pecho, que empeora al inhalar; el hundimiento visible de las costillas al respirar (frecuente en niños); la confusión o somnolencia en adultos mayores; y una saturación de oxígeno por debajo de 90 o 92%, medida con oxímetro, son signos que indican que el pulmón puede estar comprometido y que el paciente necesita atención sin demora.
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Es importante saber que hay grupos de edad que tienen mayor riesgo de complicación. Los niños menores de cinco años tienen vías respiratorias más estrechas y un sistema inmunológico en desarrollo, por lo que una inflamación leve puede generar obstrucción significativa. La OMS advierte que el 99% de las muertes, en ese rango de edad, en países en desarrollo, ocurre por infecciones en las vías respiratorias inferiores originadas por la gripe.
Los adultos mayores, por su parte, pueden presentar pérdida de elasticidad pulmonar y menor fuerza para expulsar secreciones, lo que conlleva a complicaciones como la neumonía, que puede conducir a la muerte.
“La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. Mantener ventilados los espacios del hogar, incluso en días lluviosos, evitar compartir utensilios cuando hay un familiar enfermo y limpiar superficies de contacto frecuente, reduce el riesgo de transmisión”, dijo el experto.
Él agregó: “En colegios y oficinas, promover el lavado frecuente de manos, cubrirse al toser con el pliegue del codo y quedarse en casa cuando hay fiebre, son medidas sencillas que evitan brotes colectivos”.
Para tener presente
- En ambientes laborales, con aire acondicionado, la hidratación constante ayuda a mantener húmedas las mucosas nasales, que actúan como barrera natural frente a los virus.
- Más allá de las medidas inmediatas, fortalecer el sistema inmunológico es un trabajo diario. Una alimentación equilibrada rica en vitamina C, presente en frutas como la guayaba y los cítricos; vitamina D, que puede obtenerse de huevos, pescados y lácteos enriquecidos; y zinc, abundante en semillas y legumbres, contribuye a una respuesta inmune más eficiente.
- Dormir entre siete y ocho horas, controlar el estrés, reducir el consumo de azúcar refinada y mantener una adecuada hidratación son pilares fundamentales para que el organismo pueda responder con eficacia ante los virus propios de la temporada.
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