Conozca el el proyecto y los datos que entrega Profamilia y la Fundación Saldarriaga sobre la sexualidad en la vejez. 

Foto | Tomada de www.freepik.es | LA PATRIA Conozca el el proyecto y los datos que entrega Profamilia y la Fundación Saldarriaga sobre la sexualidad en la vejez. 

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Profamilia y la Fundación Saldarriaga Concha presentan el primer estudio en Colombia que demuestra cómo se vive la sexualidad en la vejez. 

La sexualidad es una dimensión esencial del ser humano que lo acompaña durante todas las etapas de su vida. Aunque su expresión cambia con el tiempo, sigue integrando emociones, vínculos, deseos y formas de relacionarse, convirtiéndose en un componente clave del bienestar y de la manera en que cada individuo construye su sexualidad, identidad y proyecto vital.

“La salud sexual es importante, pero sigue sin ser atendida, y solo 19 % recibió orientación en salud para hablar del tema, dejando a muchas personas mayores sin acompañamiento adecuado”, según Profamilia y la Fundación. 

La sexualidad en la vejez existe

Aunque suele permanecer fuera de la conversación pública, la sexualidad en la vejez existe, es activa y emocionalmente significativa. 

Sin embargo, no se vive igual si se compara entre hombres y mujeres. Ese es uno de los hallazgos más reveladores de “Percepciones de la sexualidad en personas mayores”, el estudio de Profamilia y la Fundación Saldarriaga Concha desarrollado en Medellín, Montería, Manizales y Tunja, el cual recogió la experiencia de más de 100 personas mayores de 60 años.

Un asunto de género

Los resultados confirman que la vejez no es sinónimo de renunciar al deseo ni a la vida sexual: 

  1. El 62 % de las personas encuestadas mencionó haber tenido relaciones sexuales en el último año. 
  2. Sin embargo, se evidencia una brecha significativa por género: mientras el 86 % de los hombres afirmó haber mantenido alguna actividad sexual durante ese periodo, en el caso de las mujeres la cifra fue del 43 %, lo que destaca la desigualdad en el ejercicio de la sexualidad en la adultez mayor.
  3. También se evidenció una diferencia en la importancia y valorización de la vida sexual. Mientras que el 86 % de los hombres lo considera muy importante en su vida, solo el 37 % de las mujeres comparte esta visión. “Esta diferencia no es menor, sino que lleva a invisibilizar y desvalorizar los derechos sexuales y el deseo femenino”, según los expertos. 
  4. El 51 % de las mujeres está de acuerdo con la idea de que “deben complacer sexualmente a los hombres”, mientras que 42 % de los hombres respalda esta misma afirmación.
    Estas cifras sugieren que, incluso en etapas avanzadas de la vida, 2la sexualidad femenina sigue atravesada por expectativas de servicio más que por autonomía o disfrute”. 
  5. Además, entre quienes no tuvieron relaciones sexuales en el último año, el 57 % señaló no tener pareja como principal razón. “Una situación que impacta de manera desproporcionada a las mujeres, debido a su aumento en la expectativa de vida que va en aumento comparada con la de los hombres”, según el informe. 

El deseo no desaparece

La creencia de que tener más edad significa la renuncia al deseo o a la intimidad, aumenta estereotipos y crea entornos en los que las necesidades de las personas mayores son minimizadas o ignoradas.

Además, es frecuente que las familias y personas cuidadoras eviten el tema por incomodidad, y en los servicios de salud pocas veces se abre un espacio para abordarlo con seriedad y respeto; de hecho, solo el 19 % de los encuestados afirmó haber consultado servicios para hablar de sexualidad. 

Entre la falta de información, los estigmas y el silencio, la vejez se convierte en un territorio donde los derechos sexuales se viven a medias.

“Hablar de sexualidad en la vejez es reconocer un derecho. Esta investigación nos muestra que el verdadero reto no es romper silencios individuales, sino transformar los imaginarios sociales y las barreras estructurales que siguen negando la autonomía de las personas mayores”, aseguró Soraya Montoya, directora ejecutiva de la Fundación Saldarriaga Concha.

¿Qué se puede hacer?

Las voces recogidas en el estudio muestran el reto por escuchar y comprender lo que sienten, desean y necesitan las personas mayores. Esta evidencia abre la puerta para reconocer su sexualidad con la importancia que merece y avanzar hacia entornos que acompañen mejor esta etapa de la vida.

  1. Creación de protocolos institucionales que garanticen la intimidad, la creación de diálogos comunitarios y procesos comunicativos que desestigmatizar el tema.
  2. Formulación de políticas públicas que prioricen la sexualidad en cada momento del curso. 
  3. Así como sensibilización al personal de salud, la creación de herramientas pedagógicas para su educación, todos permeados por enfoques diferenciales por territorio y género.

 

*Con información de Profamilia 


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