Salud
24 May, 2026

Epilepsia: más allá de las convulsiones, descubra sus manifestaciones y riesgos

Conozca esta condición y cómo actuar, si presencia un ataque. Lea recomendaciones.02

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Foto | Luis Fernando Trejos | LA PATRIA // Si presencia lo que cree un ataque epiléptico, acueste al paciente de lado en un lugar seguro. Evite, a toda costa, introducir objetos en la boca.

La epilepsia no siempre se manifiesta con convulsiones. También puede generar desconexiones, alteraciones visuales, falsas percepciones y pérdida súbita de la conciencia. Cualquier señal de este tipo debe llevar a consultar en el menor tiempo posible.

La neuróloga Diana Castellanos explica cómo identificar la condición, qué factores la desencadenan y por qué la falta de medicamentos agrava el riesgo para los pacientes. En esto, la autoformulación está prohibida.

Según ella, la epilepsia es un trastorno neurológico causado por descargas eléctricas anormales en el cerebro que alteran funciones como el movimiento, la conciencia, la sensibilidad o la percepción.

Aunque suele asociarse con convulsiones, la enfermedad tiene múltiples manifestaciones y puede afectar a personas de cualquier edad. En algunos casos aparece tras una lesión cerebral; en otros, sin una causa evidente.

“La epilepsia implica una serie de fenómenos que suceden en el cerebro y que conducen a la presencia de una descarga que podría considerarse como una especie de fallo eléctrico”, subraya Diana Castellanos, médica y cirujana de la Universidad de Caldas y neuróloga clínica del Hospital Universitario Puerta de Hierro, de Madrid (España).

La especialista señala que las crisis pueden comprometer todo el cerebro o solo una parte específica. Esa diferencia define los síntomas y el comportamiento de la enfermedad en los distintos organismos.

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Lo fundamental

“Las epilepsias generalizadas implican un compromiso global por la presencia de esta actividad anómala en todo el cerebro de manera súbita. En cambio, las epilepsias focales dependen de la presencia de una descarga de actividad epiléptica en una zona o región puntual del cerebro, pudiendo generalizarse al resto del cerebro posteriormente y, con esto, conduciendo a la pérdida de la consciencia y la presencia de convulsiones de manera secundaria”, afirma Castellanos, que labora en el SES Hospital Universitario de Caldas.

Castellanos sugiere que las epilepsias focales suelen relacionarse con cicatrices cerebrales, infartos, hemorragias, tumores, abscesos, traumas craneales, malformaciones localizadas o secuelas de infecciones. Dice que cualquier alteración estructural puede convertirse en el punto de origen de las crisis.

“Una cicatriz derivada de un trauma craneoencefálico o una lesión producida por una meningitis pueden generar ese cortocircuito”, explica.

En contraste, las epilepsias generalizadas aparecen sin lesiones visibles y afectan simultáneamente todas las áreas cerebrales. En esos casos, la pérdida de conciencia suele ser inmediata y sin advertencia previa.

Sin embargo, en las epilepsias focales algunos pacientes logran reconocer señales previas antes de una crisis. Los síntomas pueden incluir olores, alteraciones visuales, recuerdos falsos, desconexiones breves o sensaciones extrañas en partes del cuerpo.

“Hay pacientes que pueden percibir olores inexistentes (disosmias) o alteraciones visuales (alucinaciones) e incluso emociones súbitas e inexplicables o alteraciones en la percepción de la realidad y saben que van a presentar una crisis”, comenta Castellanos, que explica también que no todos los movimientos involuntarios corresponden a epilepsia.

Existen cuadros asociados con ansiedad, estrés o alteraciones metabólicas que pueden parecer convulsiones sin estar relacionados con este tipo de alteración en la actividad eléctrica cerebral: “Lo que hay que analizar es cuál es el origen de ese trastorno del movimiento para entender si se trata estrictamente de una epilepsia o es atribuible a otra condición”, afirma.

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Para abordajes idóneos

El diagnóstico requiere evaluación neurológica y estudios especializados. Entre ellos están las imágenes cerebrales y el electroencefalograma, examen que registra la actividad eléctrica del cerebro.

“El electroencefalograma muestra específicamente la presencia de la actividad eléctrica anormal que define a la epilepsia”, señala la neuróloga.

La especialista aclara que una sola convulsión no basta para confirmar la enfermedad. El diagnóstico suele establecerse cuando las crisis se repiten o cuando existe evidencia eléctrica o estructural que indique riesgo de recurrencia.

“La epilepsia se diagnostica a partir de la segunda crisis, porque esto ya implica un riesgo de recurrencia muy elevado”, indica, advirtiendo que cualquier persona puede desarrollar epilepsia. Un niño que sufrió meningitis, un joven con trauma craneal o un adulto mayor con Alzheimer pueden presentar este tipo de manifestaciones crisis.


Afectación a las rutinas

Pese al impacto de la enfermedad, la neuróloga sostiene que los pacientes pueden llevar una vida normal si reciben tratamiento adecuado y continuo. El principal problema aparece cuando los medicamentos dejan de entregarse o se interrumpe el seguimiento médico.

“El objetivo es que el paciente no tenga limitaciones y pueda tener calidad de vida con tratamientos eficaces”, afirma Castellanos, recalcando que la suspensión abrupta de los fármacos puede provocar emergencias graves, incluso en pacientes que llevaban años sin convulsionar.

“Hemos tenido pacientes que podían llevar décadas libres de crisis con un tratamiento sostenido y que de repente, ante la interrupción del suministro del tratamiento, han presentado estatus convulsivos, con requerimiento de manejo en la Unidad de Cuidado Intensivo y complicaciones graves derivadas de esta condición”, relata la neuróloga.

El estatus epiléptico ocurre cuando una convulsión se prolonga durante varios minutos o cuando varias crisis aparecen seguidas sin recuperación de la conciencia. Esto, según ella, es una urgencia médica.

En los casos donde los medicamentos no logran controlar la enfermedad, existen otras alternativas terapéuticas. Algunas personas pueden acceder a procedimientos quirúrgicos para retirar parte de la región cerebral donde se originan las crisis.

“Hay pacientes que no responden a los medicamentos y, en esos casos, se plantean cirugías o tratamientos con neuroestimulación profunda en regiones estratégicas del cerebro. La idea es que el paciente tenga una vida completamente funcional y que no se vea limitado por la enfermedad". concluye Castellanos.
 

Castellanos
Foto | Cortesía | LA PATRIA
"Hay que evitar factores que aumentan el riesgo de convulsiones, como la falta de sueño, el consumo de alcohol y el abandono del tratamiento médico": Diana Castellanos, neuróloga.


En caso de una crisis epiléptica

- Mantener la calma.
- Retirar objetos peligrosos del entorno.
- Acostar a la persona de lado.
- Proteger la cabeza con una prenda o almohada.
- No introducir objetos en la boca.
- Medir el tiempo de la convulsión.
- Registrar la crisis, si es posible, para la valoración por neurología
- Llamar a emergencias si dura más de tres minutos.
- Buscar atención médica, si es la primera crisis.


Datos orbitales

Alrededor de 50 millones de personas padecen epilepsia en el mundo, lo que la convierte en uno de los trastornos neurológicos más comunes. Así lo resalta la Organización Mundial de la Salud.
"Cerca del 80% de los pacientes viven en países de ingresos bajos y medianos. Se estima que el 70% de las personas con epilepsia podrían vivir sin convulsiones, si se diagnosticaran y trataran adecuadamente", detalla el ente internacional.
 


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