En la Feria de Manizales no se preguntó cuál era el plan, se armó

Durante esos días, la ciudad se convirtió en una suma de parches distintos: algunos madrugaron, otros trasnocharon, unos cantaron, otros bailaron, pero todos celebraron.

Y en medio de esa mezcla de ritmos y momentos, Aguardiente Antioqueño quiso ser el invitado pa’ las que fuera. Porque cuando Manizales se llenó de música, desfiles, conciertos y fondas, la fiesta no tuvo una sola forma de vivirse.

Cada parche tuvo su propio ánimo, su propia energía y su manera de celebrar. Por eso, Aguardiente Antioqueño contó con un portafolio que se adaptó a cada plan.

En los conciertos y las verbenas, donde el ambiente se prendió rápido y la noche arrancó con fuerza, el Aguardiente Antioqueño azul sin azúcar, de 29°, apareció para encender el parche y subir la energía desde el primer brindis.

En las fondas y esos encuentros que se alargaron sin afán, donde la conversación, el baile y la rumba se sostuvieron hasta tarde, el Aguardiente Antioqueño verde sin azúcar, de 24°, acompañó a quienes disfrutaron la noche completa sin perder el ritmo.

Y en los parches más tradicionales de la feria, esas mesas donde se cantó, se brindó y se celebró como manda la costumbre, el Aguardiente Antioqueño tradicional, de 29° con azúcar, se volvió protagonista para los que cantaron a todo pulmón e hicieron de la fiesta un recuerdo.

Tres colores, tres maneras de vivir la Feria de Manizales, un mismo espíritu que se sumó a cualquier plan.

Porque allí no importó el parche ni la hora.

Si hubo fiesta, Aguardiente Antioqueño estuvo listo.

Juntos prendimos la fiesta de todos.