La memoria es un músculo que parece atrofiarse en la política de Colombia.
El 7 de junio del 2025 ocurrió el atentado sicarial contra el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay (Centro Democrático) mientras daba un discurso en un parque de Bogotá. Debido al ataque ordenado por la Segunda Marquetalia, según la Fiscalía, falleció el 11 de agosto de ese año.

Fotografía de archivo de EFE de la esposa del fallecido senador y precandidato a la presidencia de Colombia Miguel Uribe Turbay, Claudia Tarazona, que abraza a sus hijas frente a una fotografía de Miguel, en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional en Bogotá.
Este magnicidio, un "preámbulo oscuro" de la campaña presidencial, se ha diluido en la agenda pública pese a sus efectos negativos, lamenta Juan Camilo Arroyave Ocampo, profesor del programa de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales.
"Este lamentable evento no tuvo el efecto que en otros momentos han tenido las acciones en contra de la vida de líderes políticos en la historia del país", compara.
Con él coincide Carlos Alberto Ramírez, estratega y doctor en Políticas Públicas, quien cree que a Colombia le falta recordar para mejorar. El magnicidio de Miguel Uribe, indica, devuelve al país a una pregunta que persiste mediante la violencia política: ¿qué hacer para respetar la vida de todos, candidatos presidenciales y líderes sociales?
“En nuestro país, las cosas pasan rápido. Nuestros sentimientos suben y pasan rápido porque ocurren muchos hechos de manera simultánea. Parece que tenemos una memoria frágil. Olvidamos cosas con nuevos sucesos”, diagnostica Ramírez.
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La profundidad se choca con la campaña
La campaña presidencial de este 2026 también ha sido un medidor de la memoria de Colombia para el docente Juan Camilo Arroyave: "Si el tema hubiera trascendido, como debió pasar por ser la pérdida de una vida humana, el papá del otrora candidato [Miguel Uribe Londoño] tendría mayor favorabilidad en las encuestas. Aparentemente no ha ocurrido (…). el hecho no está marcando la agenda política del país".
Agrega que el boom de precandidatos presidenciales, que llegaron a un centenar, impedía concentrar la atención en solo un aspirante y podría explicar por qué los focos se han alejado de esa tragedia.
"Todo ha sido confuso. Al interior del Centro Democrático había otras figuras políticas con mayor trayectoria y renombre. Ellas terminaron ocupando ese espacio que posiblemente podía alcanzar Miguel Uribe Turbay", analiza.
Pide memoria, no instrumentalización. Arroyave considera que este magnicidio debe trascender, ser recordado y ser condenado, no utilizarse con fines políticos por otras candidaturas.
Efectivamente, el asesinato de Miguel Uribe no es el eje de los discursos de los candidatos, de acuerdo con el estratega Carlos Alberto Ramírez, pero por las razones equivocadas: "No está presente. Hay discursos polarizantes y emocionales. Las últimas campañas presidenciales en el mundo se han movido a expresiones de emoción: tristeza y rabia (...). Tenemos discursos menos racionales frente a las soluciones. ¿Estamos más guiados por emociones que por necesidades del país?".
Dos mundos chocan, describe el experto: un magnicidio requiere análisis profundos, las actuales campañas políticas priorizan mensajes simples y fáciles de entender.
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Salpicados por la violencia
¿Es comparable la violencia política de los 80 y 90 en Colombia con la que marcó la campaña presidencial del 2026, con el asesinato de Miguel Uribe?
Para Juan Camilo Arroyave, profesor del programa de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales, son diferentes momentos históricos, pero “hay elementos en común: la capacidad de grupos armados y de violencia en manos de actores ilegales”. Insiste en que el país debe conocer quiénes son los responsables y cuáles fueron los móviles del magnicidio de Miguel Uribe.
"En violencia política, es un momento similar. Se silencian voces políticas a partir del asesinato. Hay una constante", considera Carlos Alberto Ramírez, doctor en Políticas Públicas. Como ejemplo pone las postales de los candidatos presidenciales punteros rodeados de escoltas.
Añade que el magnicidio refrescó el imaginario de violencia de los colombianos: "Todo lo queremos resolver a la fuerza".
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Una bandera disputada
Al luto se sumó la división. El Centro Democrático y Miguel Uribe Londoño, padre del asesinado Miguel Uribe Turbay, han hecho públicas sus diferencias en la campaña presidencial.
En un contexto confuso, Miguel padre asumió las banderas de su hijo. "Al parecer hubo una ruptura al interior del partido. El hoy candidato y papá de Miguel Uribe manifiesta que no hubo cohesión en el Centro Democrático y por eso decidió asumir la candidatura en otras toldas políticas", narra el docente Juan Camilo Arroyave.
El estratega Carlos Alberto Ramírez expone cómo un suceso que debía generar cohesión en el uribismo tuvo un efecto opuesto: "Generó fracturas dentro del Centro Democrático frente a la candidatura del papá y las decisiones del partido (…). La sociedad reconoció que ese aspecto no era claro, generó dudas sobre el partido".
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Doble tragedia
"Este vil asesinato de nuestro amigo, congresista, precandidato presidencial y gran ser humano Miguel Uribe marca la historia de Colombia. Marca a quienes tuvimos el privilegio de compartir con él", expresa Karen Suárez, diputada de Caldas (Centro Democrático).
Para ella, la muerte de su copartidario marcó un antes y un después, al tratarse de una doble tragedia, pues Diana Turbay Quinero, madre de Miguel, también fue asesinada. Ella murió en 1991 durante un intento de rescate del secuestro que le perpetraron Los Extraditables.
Para la diputada, los ideales de Uribe incomodaron a grupos que decidieron quitarlo del camino, pues él "siempre habló de paz", "de enfrentar a los grupos armados con dureza y de tener un país tranquilo". También recuerda que la seguridad jurídica, la territorial y la inversión extranjera eran banderas del senador.
La huella de Miguel en la campaña, asegura, es el capítulo especial de candidatos presidenciales que priorizar el orden público.
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Golpe emocional
"Por ese vil asesinato, tuvimos un golpe emocional duro al interior de la organización política. Tardamos en recuperarnos como partido", relata la diputada.
Según ella, en Colombia no hay "garantías para hacer proselitismo político con respeto y libertad". Por eso, asegura que en las regiones se siente temor y que "estas elecciones fueron marcadas por el terror". Como argumento cita las escaladas de violencia en Cauca, Putumayo, Nariño y Valle del Cauca.
"Hoy vivimos la época de hace unas tres décadas atrás, cuando a las personas les daba miedo colgar un pendón en apoyo a un candidato presidencial (…). Este Gobierno ha respaldado a los violentos, por eso el país está así", cuestiona.
"El Centro Democrático aún llora su partida. El expresidente Álvaro Uribe siempre lo ha puesto de ejemplo (…). Desde su partida, muchos grupos políticos han querido honrarlo a su manera": Karen Suárez, diputada de Caldas, reflexiona sobre el asesinato de Miguel Uribe.
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