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Que el 70% de la financiación humanitaria que llegó a Colombia en el 2024 haya sido de Estados Unidos, según el Servicio de Seguimiento Financiero de Naciones Unidas, pone en jaque la permanencia de entidades y organizaciones sin ánimo de lucro en el país. El presidente Trump canceló por lo menos el 83% de los contratos de la Agencia de Cooperación al Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) con países del exterior, entre los que Colombia es de los que más dinero recibía para programas en diferentes áreas.

Trump asumió en enero su segundo periodo presidencial convencido de dar un giro al estilo de Gobierno, del soft power al hard power. Esto quiere decir que, ese poder blando caracterizado por mostrarse como un país poderoso, pero a la vez bondadoso y que busca transmitir valores a través de sus acciones institucionales como es la figura USAID, lo está transformando en un poder duro en el que lo primero es lo económico y lo militar para influir sobre el comportamiento del resto del mundo; de allí lo que ha venido en estos primeros meses: amenazas, imposición de aranceles, persecución de migrantes, deportaciones y ahora los recortes a programas que se sustentaban con este fondo.

Lo que más pierde Colombia es en asistencia humanitaria para el apoyo a víctimas del conflicto; intervención de procesos migratorios; atención a comunidades rurales, afros, indígenas, y programas sobre diversidad, equidad e inclusión que forman parte de la conocida ideología woke de la que uno de sus contradictores es Elon Musk, el multimillonario que apoyó a Trump en su campaña y nombrado jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental, desde donde se están ordenando los recortes presupuestales. De hecho Trump empezó a criticar en enero las ayudas que llegaban a Colombia para programas como la Ópera Trans, que tuvo presentaciones en el 2022, por considerarlo un derroche en la destinación de los recursos USAID, que no van en línea con los intereses del Gobierno norteamericano.

Aparte de los criterios ideológicos que marcan los gobiernos Trump y Petro, los choques de este año entre estos dos presidentes no favorecen el ambiente para llevar unas relaciones cordiales que permitan reactivar las ayudas hacia Colombia. Todo esto da cuenta de que se mantiene una relación bastante dispar, en la que Norteamérica deja claro que no necesita de países latinoamericanos, pero en este lado del mundo se sigue dependiendo de Estados Unidos y tampoco se ven las acciones para reemplazarlo.

Va a ser muy difícil que el Gobierno Petro cubra 400 millones de dólares (1,6 billones de pesos) que dejarán de llegar vía ayudas USAID, porque este año se tiene un déficit del presupuesto nacional que es de por lo menos 12 billones de pesos. Buscar este tipo de apoyos en otros países, aunque no es tarea fácil, debe empezar a hacerse, pero a la par hay que insistir en informarle y aclararle al Gobierno Trump en qué se han destinado los recursos, dólar por dólar, a lo largo de estos años porque en buena parte han ido a solventar problemas de población vulnerable en Colombia.