¿Nos hizo mejores personas la pandemia?, más cuidadosos, más flexibles a los cambios, más cercanos a la gente; o cinco años después se olvidaron las lecciones que dejó la covid-19, que nunca se ha ido. En enero del 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) evaluaba lo que venía sucediendo desde finales del año anterior en China, provincia de Wuhan, donde este virus empezó a expandirse. En menos de un mes ya no solo era China, en otros 18 países se aceleraban la propagación y las muertes. El 11 de marzo la OMS anuncia que se trata de una pandemia y comienza una contrarreloj de científicos para buscar cómo contenerla.
Colombia vio llegar su primer caso el 6 de marzo procedente de Italia, una viajera de 19 años. Ya 96 países reportaban alto número de contagios y fallecidos. Hay que reconocerle al Gobierno de Iván Duque que fue de los que creyó en la OMS y tomó primero medidas de preparación y autocuidado, y luego pidió a los territorios activar planes para enfrentar la fase de contención de la covid. Se identificó el primer caso en Manizales un 15 de marzo, también por un viajero procedente de Estados Unidos. Se vino el confinamiento y también una primera lección: Los gobiernos que confiaron en lo que decían los científicos tuvieron menor impacto en sus países, logrando actuar rápido como hizo Colombia.
Aflige recordarlo, pero demuestra que como sociedad pudimos hacerlo juntos. Acatar un sinfín de restricciones como el uso de tapabocas permanente en espacios públicos, el lavado continuo de manos, el distanciamiento entre personas para todas las actividades fueron medidas salvadoras de vidas, así algunos se negaran a cumplirlas. También hubo errores que hoy causan risa y quizás más vergüenza, pero estábamos aprendiendo de una enfermedad desconocida. De común recordación fue desinfectar las llantas de los vehículos, que nada tenía que ver con la transmisión del virus. Segunda lección: Hay que cubrirse nariz y boca cuando hay tos y gripas, y hay que lavarse las manos de forma frecuente, son dos prácticas que alejan el contagio de enfermedades respiratorias y gastrointestinales que tanta incidencia tienen en nuestro medio.
La única forma de preservar la vida fue aplicar toques de queda que dejaron calles desiertas; el pico y cédula para acceder a bienes y servicios; suspender casi todas las actividades, porque no se podía realizar nada que representara tener más de 10 personas juntas. Todo lo que llegara del exterior debía pasar por desinfección, así fueran alimentos. La virtualidad se volvió protagonista para trabajar, recibir clases, hacer deporte, comunicarse con familiares; para todo. Los medios virtuales fueron la única vía posible para escucharse y verse. Tercera lección: Nos dimos cuenta de lo importante que es estar en comunidad, en familia, con amigos; de lo esencial que es el relacionamiento humano para la vida. ¿Hoy se seguirá valorando de la misma manera?
Así llegamos al 2021, en medio de enfermos graves, muertos y mucho temor frente al futuro. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) autoriza el uso de emergencia de la primera vacuna contra la covid-19 y luego vinieron otras que respondieron a maratónicos trabajos de expertos, mientras el personal médico y asistencial en las ciudades vivía intensos dramas por lo que les representó atender esta pandemia. Cuarta lección: Reconocimos el esfuerzo de otros y la importancia de apostarle a la ciencia, porque así no todos hayan acudido a vacunarse, gracias a los que lo hicieron se logró frenar la propagación de este virus del que todos somos sobrevivientes.
