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Transcurridos dos meses y medio de este año, en Manizales los programas de salud mental de la Alcaldía siguen sin operar. No debería estar ocurriendo en una ciudad en la que las tasas de trastornos y afecciones mentales ha sido alta frente al resto del país, aunque según el Observatorio de Violencia del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses los suicidios descendieron entre 2023 y 2024, pasando de 45 casos a 28 (38% menos) el año pasado; pero muchas otras enfermedades mentales se siguen presentando y también requieren la ayuda de profesionales.

El problema se hizo visible en el Concejo durante la rendición de un informe de gestión de Assbasalud, empresa social del estado encargada de la baja complejidad (atención y promoción de salud) con la que la Alcaldía contrató el año pasado el manejo de los programas de salud mental, que estuvieron operando también con dificultades por demoras en el pago de salarios a las personas vinculadas, según manifestaron concejales. La crítica ahora es porque no han iniciado estrategias como los Centros de Escucha y Estamos Contigo para la atención psicológica especializada y el cuidado de las personas vulnerables desde un abordaje intersectorial, entre otras medidas.

Si tras varias reuniones entre Assbasalud y la Secretaría de Salud Municipal ya se tiene la firma de un acuerdo de voluntades, no deberían existir más trabas administrativas ni demoras para lo que está faltando: conseguir el talento humano y firmar el contrato para retomar el funcionamiento de los programas de salud mental en zonas urbanas y rurales. Hay una prelación con este tema. La Encuesta de Percepción Ciudadana 2024 indicó que hubo una baja considerable de las personas que consideraron que su estado de salud mental fue bueno en la ciudad, decreciendo en 17 puntos porcentuales entre el 2023 y el 2024 (de 93% a 76%). No se puede bajar la guardia.

Se sabe que a los municipios les está correspondiendo hacer un sobreesfuerzo frente a la crisis nacional del sistema de salud, que está empeorando la condición de los pacientes al quedarse sin muchos servicios y sin medicamentos, y que para el caso de los trastornos y las afecciones mentales es más que grave interrumpirlos porque lleva a recaídas severas. Delicadísimo además que el gerente de Assbasalud, Ricardo Castaño, desconozca asuntos como el monto de los recursos propios que se destinarán este año a los programas de salud mental, si es el contratista ya debería tener información relacionada con lo que se van a ejecutar los programas.

Cualquier enfermedad mental, por leve que parezca, debe ser intervenida inmediatamente, no da espera, y la labor no puede quedar sujeta a lo que hagan organizaciones sociales dedicadas a estos pacientes. La Alcaldía de Manizales debe retomar lo más pronto estos programas para seguir reduciendo su incidencia. Un problema mental no se queda solo en la atención psiquiátrica y psicológica. Como lo anunció el alcalde el año pasado en el relanzamiento del programa Estamos Contigo, se requieren todos los esfuerzos interinstitucionales juntos para hacerle frente a estas enfermedades del siglo.