Mientras el mundo se movía entre la turbulencia para terminar de expandir la industrialización en el siglo XIX, las mujeres soterradamente buscaban cómo salir de las limitaciones que rodeaban sus vidas. Además de los deberes familiares tenían que hacer trabajos pesados en fábricas, cumpliendo extensos horarios y con salarios mucho más bajos que los hombres, no tenían derecho al voto, no podían acceder al sistema educativo y tampoco al sistema financiero. Buscaban el reconocimiento de derechos a través de luchas y protestas que se volvieron recurrentes. Muchas fallecieron en todos estos intentos.
Hasta llegar al siglo XX, cuando alcanzaron las primeras metas. En 1975 se declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer exigiendo la igualdad de derechos, la equidad de género, el rechazo a todas las formas de discriminación femenina; a pesar de que desde 1910, en Dinamarca, ya se había propuesto esta celebración en una conferencia internacional de mujeres. Aunque el mundo es hoy más igualitario, en el primer cuarto del siglo XXI, con sociedades más desarrolladas y civilizadas, los derechos de las mujeres siguen siendo objeto de vulneración a través de formas más sofisticadas.
Cabe preguntarse por qué siguen siendo las más vulneradas con los diversos tipos de violencias, víctimas de feminicidios, tratadas de forma desigual. En muchas culturas persisten viejas costumbres que siguen privilegiando el trabajo masculino sobre el femenino, remunerar con un salario mucho más bajo a las mujeres, considerar que ellos son más preparados que ellas, rechazar cualquier figura de mando y de poder si proviene del género femenino, disponer de sus cuerpos en contra de su voluntad.
Son muchas las mujeres que a lo largo de la historia de la humanidad han demostrado que tienen iguales o mejores capacidades que los hombres. Científicas, líderes mundiales, gobernantes, políticas, empresarias, madres de familia, gerentes, docentes, profesionales y trabajadoras en distintas áreas... la lista es interminable. No es cuestión de género, es producto de la preparación, la formación y las destrezas. No es cuestión de género, son los mismos derechos que deben arropar en igualdad de condiciones a todas las personas. No es cuestión de género, es el respeto que se debe tener hacia todo ser humano. No es cuestión de género, es el reconocimiento a las capacidades individuales.
Hoy es un día para escrutar internamente si estamos permitiendo que las mujeres alcancen esa equidad, libertad, justicia y que accedan a las mismas oportunidades; si como hombres corresponde desaprender lo que la cultura patriarcal impuso como comportamientos machistas que llevan a la desigualdad y al maltrato. Son muchas las mujeres que se niegan a retroceder, y con toda razón, ojalá todas fueran conscientes de que deben hacerlo. ONU Mujeres recuerda que en 1995 se firmó la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing como un plan para alcanzar la igualdad de género y los derechos de las mujeres; dos décadas después, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijaron el 2030 como año límite para cumplir estos compromisos que lleven a cambios en la sociedad. ¿Los alcanzaremos?
