Actualmente muchos padres queremos proteger a nuestros hijos de las malas ideas y dotarlos de las herramientas intelectuales y emocionales para ir por la vida con autonomía y discernimiento. He aquí, con ejemplos concretos, un camino posible y para eso es necesario aprender a desarrollar pensamiento crítico.
Por ejemplo, cuando se habla de "educación universitaria gratuita para todos" podemos transformar la frase en preguntas prácticas: "Si es gratis, ¿quién paga los salarios de los profesores? ¿De dónde sale el dinero?". Busquemos juntos casos como el de Argentina, o el de Colombia donde una cosa es la promesa y otra cosa la realidad de millones de jóvenes, unos que no tienen acceso y otros formados en la precariedad. La pregunta sería entonces "¿a quién beneficia esto realmente y quién termina pagando la cuenta?".
Para que nuestros hijos no sigan el totalitarismo ideológico, hagamos que conversen con el ingeniero que ahora reparte domicilios o con la enfermera que limpia casas; sí, que escuche de primera mano el relato de una familia de clase media que en los años 90 viajaba a Miami y hoy recuerda las colas en Venezuela para comprar harina. Estos testimonios rompen la abstracción ideológica, porque escuchar a una madre contar cómo no podía alimentar a sus hijos en el país con las mayores reservas petroleras del mundo, convence, ya que el socialismo fue la pérdida concreta de la vida de millones tal como la conocían.
La alfabetización económica puede comenzar con un puesto de limonada, demos a un hijo un capital semilla de $50.000 (préstamo que debe devolver) para que compre los ingredientes, calcule costos, fije precios. Al final de la jornada, hagan cuentas, si vendió $100.000, pero los insumos costaron $40.000, el transporte $10.000 y debe devolver los $50.000, la "ganancia" es cero. Ahí surge la lección, porque "¿y si el gobierno te dice que no puedes vender la limonada a más de $1.000 por el pueblo?". Así se aprende que los controles de precios quebraron a los productores y vaciaron los anaqueles.
Una imagen vale más que mil palabras, busquemos en Google "foto satelital nocturna de las Coreas" para saber que Corea del Norte es un vacío oscuro y Corea del Sur, un tapiz de luz. Siendo en 1950 el mismo pueblo y cultura, setenta años después, uno es el sistema que produce a Samsung, Hyundai y una de las democracias más vibrantes de Asia, pero el otro produce hambrunas periódicas, campos de concentración y una oscuridad tanto literal como figurativa. En conclusión, un caso más de miseria compartida.
Inscribamos a nuestros hijos para que sirvan a otros o en un voluntariado real para que ayuden por convicción y preguntemos: "¿Cómo te sentiste?". Cuando responda que bien, preguntemos de nuevo: "¿Y si el Estado te obligara a venir cada sábado y te descontara parte de tu sueldo para esto, sin que tú decidieras? ¿Seguiría siendo solidaridad?", todo esto para decir que las sociedades libres son históricamente las más generosas, porque dan desde la abundancia del corazón, no desde el miedo al castigo, por eso elige uno de estos caminos y recórrelo con tus hijos esta semana.