El año pasado Pensé que 'voz' sabías, medio de comunicación que dirijo, tuvo la enorme fortuna de dictar un curso de Alfabetización digital en la Universidad Intergeneracional, una iniciativa de ciudad que lideran varias entidades. Se trata de una apuesta que busca integrar a los adultos mayores en actividades de aprendizaje y ocio que los mantenga activos y en la que establezcan relaciones sociales que aumenten su calidad de vida.

Sí, suena muy bonito, pero la verdadera dimensión de esta estrategia se comprende cuando se tiene en frente a los estudiantes. Qué nivel de compromiso, puntualidad, ganas, interés y apertura mental para derribar estereotipos y creencias limitantes.

Ver cómo las clases se convierten en un nuevo espacio para aprender, socializar, compartir, debatir ideas; que se vuelven un aliciente, un espacio para sentirse renovados; que se vuelven un lugar feliz (de esos lugares no hay que salir a ninguna edad). Escuchar frases como: “Se encartaron conmigo porque de aquí no me quiero ir”. Estamos hablando de personas llenas de vida, de ganas de aprender, con una disposición enorme a construir, a cumplir sueños.

Una de las estudiantes tomaba apuntes en clase, y en su casa los pasaba en limpio con una letra impecable de distintos colores. Su libreta era la más codiciada en clase y quienes faltaban ya sabían dónde estaban los apuntes más confiables. Un estudiante con movilidad reducida llegaba acompañado de su esposa y de su enfermero. ¿No habla eso de unas ganas enormes de aprender?

Además, de aprender específicamente sobre nuevas tecnologías, de no querer quedarse por fuera de la ola digital, pero con una conciencia muy clara de la necesidad de saber identificar la información falsa que pulula para no ser presas fáciles de esta.

Los estudiosos de la desinformación y los chequeadores de datos han concluido que los sectores de la población más proclives a difundir desinformación son los jóvenes y los adultos mayores. Así que es una enorme ventaja ese interés y esa conciencia sobre el impacto negativo de la desinformación, pues son actores clave en la construcción de sociedades críticas y bien informadas, de democracias fuertes.

Es increíble que como sociedad tengamos relegado tanto potencial. Personas vitales, con experiencia y sabiduría más que suficientes para aportar al crecimiento social, pero que como están, en su mayoría, en edad de pensión, se sienten aislados. No se trata de que sigan trabajando formalmente, cumpliendo horarios o produciendo, pero sí de que tengan un proyecto de vida, de que puedan hacer todo lo que no habían hecho por las razones que sean. De ser conscientes de que las limitaciones están en la mente, no en la edad.

La pirámide poblacional se está invirtiendo, de eso se ha venido hablando mucho como un problema, además, pero ¿sin ese fenómeno hubiéramos pensado en la necesidad de incluir a este sector de la población? Entonces afortunada la hora en la que esa situación nos hizo mirar para allá.

¿A qué horas nos creímos tantos prejuicios y estereotipos sobre la edad? ¿Y qué más vamos a hacer para incluir a estas personas? Nunca se debieron sentir excluidos.