Opinión
18 Ene, 2023

Palabras de aliento: Los cinco maridos

Los domingos de cuaresma nos preparan para la celebración de la Pascua.

Pbro. Rubén Darío García Ramírez

Los domingos de cuaresma nos preparan para la celebración de la Pascua. La misericordia del Señor es grande y en los tiempos difíciles sentimos su mano protectora y su voz que nos guía. El relato de la samaritana que dialoga con Jesús, nos ayuda a evaluar dentro de nosotros ¿tenemos ídolos o esclavitudes que oscurecen nuestra existencia?, ¿Alimentamos prejuicios que nos alejan del Señor?, ¿Morimos de sed de Dios? El diálogo de la Samaritana con Jesús nos llama a pedir el agua viva que sólo nos da el Mesías.

La samaritana es una mujer que sufre. Los demás la señalan como pecadora y, para evitar los juicios y murmuraciones, de los que se creen buenos y cumplidores de la ley, ella sale al medio día a recoger agua en su cántaro, aprovechando que el sol rechina y nadie sale a este oficio en esa hora; las mujeres salen al atardecer. La mujer de Samaría se encuentra con Jesús cuando intenta huir de todas las miradas.

Entre judíos y samaritanos existía una larga enemistad; se lee en 2Re 17,24-41: “Migración forzada de cinco grupos paganos, que en parte siguieron fieles a sus dioses, daban culto a Yahvé, pero servían también a sus ídolos”. El libro del eclesiástico denuncia esta idolatría: “Hay dos naciones que mi alma detesta: los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquén, es decir los samaritanos” (Eco 50,25-26).

El que la mujer samaritana tenga 5 maridos, significa que los samaritanos tenían dioses importados por cinco grupos paganos: Babilonia, Cutá, Avá, Jamat y Sefarvaín. El dios de los cananeos se llamaba Ba’al, palabra que se había convertido en un nombre común para designar a los falsos dioses.

En las lenguas semíticas la palabra ba’al significa también “marido” y “dueño”, es un juego de palabras : según el profeta Oseas 2,18-19: “Aquel día ella me llamará “marido mío”, ya no me llamará “Ba’al mío”. Se anuncia que los samaritanos llegarán a la conversión: “Retiraré de su boca los nombres de los baales, que nunca más volverá a invocar” (Os 2,19).

Jesús hablando con la samaritana materializa la conversión de los samaritanos. Ellos dejarán de adorar a otros dioses y aceptarán al único Dios verdadero y le “podrán adorar en espíritu y en verdad” (Jn 4,24). Y demuestra también el derrumbe de los prejuicios ante el ascenso de la sed de Dios y la urgencia de correr a invitar a los demás a “venir a ver”, a experimentar, al único Dios que es Amor y Misericordia.

La samaritana nos representa. Nosotros decimos adorar a un solo Dios, pero en realidad servimos a otros dioses como el dinero, la producción desenfrenada que desplaza la vida a un segundo plano, las megaconstrucciones, el culto al cuerpo, la fama, el individualismo, la indiferencia… “malos maridos”, formas de idolatría que destruyen la vida y el espíritu.

El covid-19 impone reflexión sobre lo más importante: la salvación del alma, la familia, la salud, el disfrute del hogar y la sana convivencia. En estos días, por efecto del tal virus, han caído la bolsa de valores, el precio del petróleo, tapabocas y antibacteriales, y hasta han cerrado Iglesias. Veámoslo a la luz de la FE: nuestra seguridad no puede estar colocada en las cosas ni en los bienes de este mundo, solamente en Dios, el único “dueño-marido” de la vida.

La Iglesia es esposa de un solo esposo y rechaza lo que ocupe el lugar que a Él le pertenece. El tiempo de cuaresma es tiempo de conversión, para que volvamos a Él y lo declaremos Señor nuestro, el único necesario para ser feliz: “Escucha Israel: el Señor es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,4). ¡Reavivemos la Fe, todos a Misa, a orar y a beber del Agua Viva!

Éxodo 17,3-7; Salmo 94; Romanos 5,1-2.5-8; Juan 4,5-42