El 7 de enero de 1986 los diarios del mundo comentaron una nota que algunos llamaron "moderna historia de Romeo y Julieta" y me parece útil comentarla por su actualidad para la marcha humana y planetaria.
Dos jóvenes se conocieron en la secundaria de una Escuela de Patterson, cerca a San Francisco; él, de nombre Felipe Garza, tenía 15 años, y ella, llamada Donna Ashlock, tenía 14 años. Después de un tiempo de ser compañeros llegan a ser novios, con una relación alegre y con la ardentía de un amor juvenil avanzaban felices y fieles en su romance.
Pero como llega el invierno después de un verano o un relámpago estremece en medio de la tarde, surgió un dolor entre ambos. Danna fue diagnosticada de cardiopatía grave y solo podría salvarla de muerte temprana un trasplante de corazón. Pronto, las familias empezaron a buscar un donante.
Corrían los meses y no parecía posible el asomo de alguien que pudiera hacer realidad la donación de un corazón. Un día cualquiera la madre de Felipe es impactada con un comentario de su hijo: "Madre, no me siento bien, creo que moriré pronto..., te suplico que hagas donación de mi corazón para que sea incorporado en el pecho de Donna... sería muy feliz".
Lo cierto es que meses adelante Felipe muere de una embolia cerebral y se hace realidad lo planeado. El corazón de Felipe es trasplantado en el pecho de Donna, que ahora sigue recuperada y sana; alberga con más amor que nunca el corazón de Felipe, que le dará vida saludable el resto de su vida. Se dio una unión de una intimidad imborrable; el corazón del amado sigue impulsando la vitalidad y el amor de su amada para siempre.
Esto me remite al corazón mismo de la revelación cristiana, que desde muchos aspectos habla de la necesidad y belleza de la unidad en el amor, de saber amarnos de corazón a corazón y no por intereses personalistas, ocasionales, emocionales o pasajeros.
El cristianismo es unión como la describe el Salmo 133: “Qué bello y saludable es ver a los seres unidos" y entre Dios y el ser humano es un llamado a vivir en alianza íntima de amor. En muchos versículos Dios dice: "Tú eres mi hijo(a), Yo te amo, eres mío (a)", ( lo anota el profeta Isaías ).
La historia de Felipe y Donna me invitan a estar unido en el amor real a Dios y a toda la creación, en especial a mis hermanos en raza, existencia y fe.