Hoy, Miércoles de Ceniza, se nos dice "recuerda que eres polvo", que equivale a decir recuerda que eres átomo, pequeña partícula de materia, minúsculo componente de todo cuerpo. La ceniza, el polvo, es parte de lo creado como el átomo, partes de un cuerpo mayo, semen de presencia y vitalidad, realidad que habla de inicio a fin, de semilla que crece, da fruto, languidece y muere.
Blas Pascal llegó a decir que "el ser humano es débil como un junco, una rama de cañaveral, una guadilla quebradiza, pero que es más, mucho más, ya que es una ramita que piensa y desde esa realidad llega a ser creativa, evolutiva, emanadora de frutos, vitalidad nueva y belleza sin igual. El Evangelio lo anticipó al decir que la vida y el Reino de Dios es como un pequeño grano de mostaza, que siendo tan débil llega a convertirse en árbol gigante donde las aves ponen sus nidos.
La ceniza, que en rito de profundo significado nos adentra en el tiempo de Cuaresma; cuarenta días de pausa reflexiva, revisión seria a la luz del Evangelio que nos debe llevar a un cambio hacia una vida nueva, mejor, más esplendorosa. Recibimos el signo en la cabeza o en la frente como un sello pasajero y visible de lo que cada ser humano es: átomo que debe reventar en novedades vitales, que como semilla de mi ser y existencia me recuerde que estoy llamado a dar frutos, a crecer hasta el día en el cual vuelva a ser tierra, polvo, pero habiendo explotado sigilosamente bajo la luz del Espíritu de Dios a una vida mejor, porque debemos ser "luz del mundo y sal de la tierra".
Día y tiempo de profunda enseñanza. Cada uno de nosotros nace como pequeño grano del polvo, de una semilla brotado en hermoso vientre que debe cuidar la vida encendida, esa semilla crece con los cuidados amorosos de quienes vienen a ser padres, en el brotar de frutos hace presencia el deseo del Creador y un día cesa su avance y muere para ser brote de horizonte perenne.
Es una historia de realidades para creyentes y no creyentes en la obra creadora, que es llamado a vivir con la plenitud de seres dotados de cuerpo, pensamiento, mente y alma para escribir una brillante historia.
Bienvenida la Cuaresma, tiempo de realidades crecientes y plenificadoras.