Hoy es el "Día de la Tierra", llamado para enaltecer nuestra hermosa esfera que como diamante luce en el universo irradiando misterio, belleza, retos, asombro. Me parece que la astronauta de Artemis II en su emocionante momento de ver la Tierra desde la órbita lunar, lanzó un pensamiento que no es bueno silenciar: "Todo lo que necesitamos -dijo-, la Tierra nos lo da y eso en sí mismo es un milagro".
Esfera radiante, misterio ambulante rompiendo el universo;como preguntando: de dónde broté, hacia dónde voy, por qué soy el único planeta habitado conocido que viaja con más de ocho mil millones de seres humanos, especies vivas de infinita variedad, fecunda y vital cada día. Con razón anota La Biblia en el Génesis, que "Dios vio que era bueno" todo lo que creaba y termina hablando en el Apocalipsis de "un cielo nuevo y una tierra nueva".
Nuestro país sostiene el amor a la tierra, sus acontecimientos prósperos o negativos y reacciona con vitalidad explosiva y generosa. La música colombiana, como eco de salmos que cantan la belleza de la vida en la tierra, hace brotar con frecuencia canciones que invitan a querer nuestra tierra con su historia y sus anhelos.
La música de nuestra raza expresa en pasillos (como "Tierra labrantía"), bambucos, guabinas, torbellinos, baladas y otros (como "Ama la tierra", de Juanes) y otras expresiones de las diversas culturas del país, el llamamiento a cuidar el planeta; a sentirnos responsables de su construcción, no de su destrucción; de tener actitudes de amor responsable ante el evidente cambio climático. Sobre todo se resalta el clamor a la necesidad de cubrir el planeta de afecto, familias sanas, ambiente de progreso y paz.
Los papas Francisco y León XIV han regalado al mundo derroteros que nos permiten ser presencia de progreso terrenal. En la carta "Laudato si" (alabado seas Señor por la hermana tierra) es un canto a la valoración de la existencia terrena que en la gesta de Cristo recibe una iluminación ascendente; la carta "fratelli tuti" (todos hermanos) es llamado a compartir, no tanto a sólo competir entre odios e injusticias; el papa León en su primera carta universal habla sobre el amor y solidaridad con los más pobres y marginados si queremos ver la tierra sin tanto dolor evitable. Amar a Dios, al prójimo, a la Tierra.