Cuando nuestra avanzada ciencia médica certifica que necesita hacer una endoscopia en nuestro cuerpo, ya sea en la parte estomacal, respiratoria o de otro órgano, nos está indicando que se va a explorar en el interior con un pequeño y poderoso lente algo que aún no aparece claro y poder llegar así a un diagnóstico profesional y a dar indicaciones de alta proximidad hacia la sanidad del mal que nos molesta.

Me da por pensar que la Cuaresma, que sabiamente propone el cristianismo para estos cuarenta días desde el miércoles de ceniza hasta la Semana Mayor, es similar al uso del endoscopio de la avanzada ciencia de la salud.

Es verdad, este tiempo es apto para revisar nuestra vida, los pasos que está dando, las fallas detectadas que a veces son tan íntimas que se escapan a un análisis superficial: ese mal genio creciente; ese vicio que nos agarró como monstruo voraz; esa infidelidad a nuestras responsabilidades; ese desvío de nuestra identidad que se mantiene en la balanza de la duda; esa frialdad para la oración, la alimentación espiritual, las manifestaciones de amor limpio hacia los demás.

Cuaresma es un llamado a mirarnos interiormente; a buscar respuestas a numerosos porqués del vivir; a descubrir por qué estamos dando pasos atrás como el cangrejo; por qué no avanzamos en los proyectos de vida; por qué somos tan indiferentes ante los problemas del país, la ciudad, el barrio, la familia y la historia personal.

Es verdad, necesitamos un endoscopio espiritual, dejarnos examinar para encontrar cómo vivir mejor y alcanzar el ideal de vida nueva o Pascual. En ello es necesario intensificar algunos medios endoscópicos como la Confesión Sacramental; la recepción o lectura personal, familiar o comunitaria de la Palabra de Dios; asistir a algún retiro espiritual; leer páginas adaptadas a este tiempo; hacer ayuno para compartir los bienes y el alimento.

Es figura, pero es realidad: necesitamos hacernos una endoscopia profunda. El papa León lo hará haciendo los ejercicios espirituales de una semana en retiro silencioso, reflexivo, en compañía orante de los cardenales que le colaboran en Roma.

Decía algún pensador: "Yo no creo en la solidez de una vida que no sea seria y profundamente examinada". Lo dijo antes el Señor: "Sean perfectos". En esta época no nos entreguemos a una vida licenciosa, sino silenciosa, orante y caritativa... Buena endoscopia saludable.