Conocida es la narración del profesor de Geografía con sus alumnos; les entrega láminas de países del mundo para armar el mapamundi y los pone a trabajar por grupos. Después de algunos minutos un grupo grita: "acabamos" y en efecto, sorprendido, el profesor se percata de que lo han logrado. ¿Cómo lo han terminado si ustedes no conocen los países fuera del nuestro? Sonriendo, uno de ellos explicó diciendo: "Miramos el revés de los mapas y vimos que había pintada la imagen de un ser humano y todo fue simple, armamos al ser humano y apareció ordenado el mundo".

Hablamos de cambios, mejoras del mundo, de estructuras, límites, pedazos de tierras, armonía entre pueblos y comunidades, estructuras nuevas; pero la verdad es que si no partimos del ser humano todo queda en el aire, en la palabrería; no habrá quién ejecute los programas y planes. Con seres aburridos no se llena una carpa de un simpático circo.

Recuerdo esto porque el 4 de marzo de 1979 el papa Juan Pablo II, nombrado el Hombre del Siglo XX, a los pocos meses de su nombramiento como papa publicó su primera carta al mundo, a la humanidad entera creyente o no creyente y tituló "Redentor hominis" (el Redentor del hombre) en la cual afirma que en medio de las divisiones, violencias, ideologías e intentos del ser humano por llegar a una sociedad justa y mejor, necesitamos una luz que muestre los senderos a seguir en bien de todos, y esta luz está en el Redentor Cristo Jesús.

Anota el papa que ofrece al mundo como camino vital la gesta de la muerte y resurrección de Cristo que da al hombre fuerzas y luces de avance con el realismo de vivir entre dificultades, errores, caídas, (pasión y muerte) pero en logros en muchos campos a todo nivel. Es hora de animar al ser humano para tomar el papel de trabajador, construyendo un mundo mejor pero a condición de dar a la existencia humana todo su valor, brillo y aptitudes en el reconocimiento de sus derechos y deberes; construir bien al hombre, poner la base para tener la sociedad soñada.

Ya lo dice el Salmo 8: "Señor, qué grande hiciste al hombre", cumbre de toda la creación, fuerza renovadora que encuentra en Cristo fuerza, modelo y panorama de nueva vitalidad, pero parece que no lo aceptamos.