Es verdad que Jesús anotó: "Que la mano derecha no se entere de lo que hace la izquierda" y que cuando las cosas salen bien debemos reconocer simplemente "Hemos hecho lo que deberíamos hacer ". Pero creo que también es cierto que hay que proclamar sobre los tejados (así lo dijo) la buena nueva de la actividad evangelizadora.
El 21 de enero de 1972 los noticieros del mundo destacaron la muerte en un accidente aéreo, de la empresa Satena, de 27 pasajeros y 4 tripulantes entre los cuales estaba el obispo de Buenaventura y el director de la FAO en el país; iban en misión humanitaria para ver el modo de llevar alimentación en especial a los niños de las regiones apartadas del país.
Monseñor Gerardo se destacó por una vida pobre, cercana a todos. Se cuenta que alguna vez se presentó con vestido de obrero para reemplazar a uno que había amanecido enfermo, con la petición de que no lo expulsaran del trabajo por faltar algunos días. Recorría veredas y puertos en medios rudimentarios y anunciaba sin cesar la necesidad de vivir el Evangelio de Jesús para vivir como comunidades fraternas y en vía de progreso. Su recuerdo aún está vivo en aquel importante puerto colombiano, muy olvidado todavía por los poderes del Estado.
Es que vivir la Navidad no es cuestión solo de reunión familiar, de panderetas, comidas especiales y regalos, sino que es continuar el impacto de la Encarnación de Dios en la tierra para enseñarnos a vivir como hermanos en justicia, fraternidad y alegría. Vale la pena resaltar también otra presencia de gran valor en todo el pueblo colombiano y en todas las regiones necesitadas.
Se oye hablar con frecuencia que pronto gracias a la institución Banco de Alimentos, cada vez que hay una emergencia, cada día en aportes para la alimentación de niños, jóvenes y adultos. En parcelas de carencia llega con presencia alimentaria de forma oportuna. En la Navidad pasada fue bien calificada su presencia en la tarea de llevar obsequios, regalos de amor, sobre todo a los niños de las regiones más empobrecidas y lejanas.
El Banco de Alimentos nació en la Iglesia gracias a un grupo de obispos, curas, religiosos (as) y laicos (as) en compromiso que se unieron y se abastecen de alimentos donados o en bajo precio que almacenes potentes hacen don para ser repartidos donde hay hambre. Es bueno saberlo y da alegría.