La salida de Nicolás Maduro es sin duda una gran noticia. Era un tirano; la destrucción de Venezuela, que inició Chávez, la consolidó Nicolás Maduro. Ha sorprendido que algunos líderes de izquierda latinoamericana hayan salido a invocar tratados internacionales para defender a quien se robó las elecciones. Soberanía la que perdió Venezuela en manos de la criminalidad, la que usurparon las guerrillas robándose la riqueza minera en compañía de personas de otras nacionalidades.
Lo cierto es que el dictador que había vuelto a Venezuela un feudo de organizaciones criminales ha caído, y hoy, por primera vez, en varios lustros, tiene una posibilidad real de transitar a la democracia. Esperamos que esta transición sea breve y que los líderes de la tiranía pronto se aparten del poder.
Los afectados por la caída de Maduro son muchos. Empezando por los grupos narcoterroristas colombianos que habían encontrado en Venezuela un refugio, y en Maduro un protector. Hoy hablan de unirse para enfrentar la amenaza que para sus negocios y su violencia significa el final del régimen. El mundo se olvidó de que era un dictador, lo normalizaron y hasta fue invitado a reuniones de la OEA. Pero no, los demócratas no podemos permitir otra Cuba en Latinoamérica. La lucha por la democracia hoy tiene más sentido que nunca.
Otro de los afectados fue Gustavo Petro, quien convirtió las relaciones internacionales de Colombia en un asunto sobre sus gustos y su filiación política. Dejó de lado los intereses de Colombia y la majestad de su cargo para dedicarse a señalar a Donald Trump desde que era candidato. Y luego tuvo la desfachatez de ir a Nueva York y en un parque con un megáfono -y unos tintos de más-, pedirle al Ejército de los Estados Unidos que desconociera y desobedeciera a su presidente legítimamente electo. Soñaría Petro con convertirse en el nuevo Fidel Castro, en ser como Chávez insultando al imperio, pero empezaron los rumores de que seguiría Maduro y, como era natural, se asustó.
La caída de Maduro debió ser un duro campanazo. Le tocó llamar al presidente Trump. Me imagino que dejó de lado sus agravios y críticas y ahora quiere presentarse ante el mandatario estadounidense como el presidente que más combate el narcotráfico.
Quienes hemos asistido a reuniones con el presidente Petro sabemos cómo son. No escucha nada y habla mucho. No recibe argumentos. No entiende razones y las cifras lo tienen sin cuidado. Petro tendrá que poner metas ciertas y -lo más difícil- cumplirlas. Hoy tiene las incautaciones de cocaína más bajas de la década cuando se evalúa sobre la cocaína disponible, una ampliación de la presencia de grupos ilegales en más del 70% del territorio y, si sigue como va, entregará el país con 30 mil hombres en armas. Bajó la destrucción de laboratorios, la erradicación y, sobre todo, la extinción de dominio.
Petro terminó cediendo ante Trump, aunque sea solo por apariencia, y algo tendrá que decir sobre las drogas, y eso le causará muchos problemas a su Paz Total. ¿Escogerá la lucha antidrogas o la Paz Total y la complacencia con los violentos? Aunque no hay que descartar que a todos trate de engañar.