Gracias por la campaña, por los buenos momentos, por las alegrías, por hacer más de lo previsto, por la entrega, por respetar la camiseta, por poner en alto el nombre de Caldas, por su capacidad de convocatoria y por permitir que la gente vuelva a creer en el equipo.

Cuando se pensaba que las políticas de manejo iban en contravía de los intereses deportivos, cuyas evidencias se establecen en cinco años de frustraciones, apareció este Once Caldas liderado por Hernán Darío Herrera que en un mismo año clasificó dos veces.

El Arriero tomó el mando tras la partida de su compadre Pedro Sarmiento (q.e.p.d.), armó un cuerpo técnico con profesionales egresados de la Academia y trabajó con lo que le dieron: futbolistas de bajo perfil, procedentes de la B o con pasado sin peso, salvo Michael Barrios.

Logró montar una estructura base con el portero James Aguirre, el volante Mateo García y el goleador Dayro Moreno, y se la jugó con Jéider Riquett y Jorge Cardona como centrales, consolidando además a los laterales Juan David Cuesta y Juan Pablo Patiño.

Sufrió con el volante creativo. Los disponibles, de buen pie, fueron irregulares: Lucas Ríos, Roger Torres, Manuel Arteaga, Esteban Beltrán y Alejandro García. El extremo derecho fijo no apareció, mientras que Barrios fue el diferente por gambeta, velocidad, y hasta gol.

Se bandeó con lo que había, y el desempeño durante las primeras 11 fechas fue deslumbrante: puntero, ocho victorias y un solo revés. Luego las vacas flacas, cinco derrotas en ocho juegos, bache que se superó en los cuadrangulares a los que se metió por los ahorros del principio.

En esa instancia, y cuando el barco se hundía, una tarde mágica de Esteban Beltrán en Barranquilla con gol sobre la hora, lo sacó a flote para el triunfo 1-2 que reafirmó con el 3-0 siguiente frente al América. Al cierre en Ibagué llegó con doble opción y trepado en puntos.

Tras un flojo comienzo ante Tolima que salió a arrollar, y viéndose en desventaja desde el minuto 31, con determinación intentó el empate que no llegó y sobrevino la eliminación. Fue común durante la liga ese Once Caldas de rendimiento superlativo solo un tiempo.

Un penalti, que pudo ser, negó la posibilidad de ir más lejos, pero lo hecho reclama un aplauso general. Como luchadores en la arena o guerreros en combate, los jugadores sudaron hasta la última gota y cayeron en batalla. ¡Cumplieron!

Las declaraciones en caliente del Arriero, que lo hicieron ver como un tipo poco calmado, impidieron valorarle en la rueda de prensa lo alcanzado con este grupo. Brillante su balance, con poco realizó mucho, potenció un equipo con demasiadas limitantes, los unió en torno a una idea, los convenció de que eran capaces, escuchó a sus colaboradores y sin duda, con su experiencia acalló críticas y se ganó la continuidad.

A una pregunta sobre el futuro, respondió que no sabe si habrá refuerzos. Es usted, profe, quien debe forzar la situación, quedó con credenciales para exigir y es perentorio un plantel completo para las tres grandes citas de 2025: suramericana, Liga y Copa BetPlay.

También los dueños, con estos números y el compromiso de la hinchada, recibieron la inyección para armar un entable más competitivo. No se trata de gastar millonadas ni traer estrellas, es escoger bien, y esa es la tarea del técnico y de los orientadores del club.

Hasta la próxima...

Mario César Otálvaro