Samuel Zemurray, inmigrante que ingresó a los Estados Unidos sin dólares, que trabajó como carpintero, recadero, vendedor ambulante de hojalata, llegó a ser uno de los hombres mas ricos en la primera mitad del siglo XX. Demostró que además de la información, la imaginación es fuente de poder, económico y político.
Tres anécdotas.
Una. Dueño de una pequeña compañía bananera con cultivos en Honduras, se enfrentó a la poderosas United Fruit Company por la compra de unos terrenos fronterizos disputados entre un hondureño y un guatemalteco. Mientras la United enviaba una tropa de abogados husmeando por notarías, títulos, infolios, leyes y más leyes, Zemurray resolvió comprarles los terrenos a los dos pretendidos propietarios.
Dos. El gobierno hondureño le prohibió construir un puente necesario. Construyó a lado y lado muelles, acercando las orillas. Luego un breve puente, montado en la noche y desmontado al amanecer. Cuando los inspectores verificaban la prohibición, solo encontraban el río.
Tres. Muy joven vio unos bananos. Inspirado, advirtió que allí estaba su futuro. En el puerto de importación observó que eran botados cuando amenazaban madurarse. Los compraba, y superaba la lentitud del ferrocarril mediante su venta rápida a los tenderos en cada estación de parada del tren.
Tuvo imaginación para dirigir la política de países. Cuando el gobierno de Honduras amenazó su empresa, organizó 100 mercenarios; hizo creer que eran muchos. El secretario de Estado de EE. UU., Knocs, le amenazó: “No te entrometas allí”. No le importó. Y como los soldados centroamericanos cambiaban el uniforme y se vestían, rápidamente, con el del ejército más numeroso, tuvo dos logros: presidente depuesto, presidente puesto.
Luego preparó con la CIA el golpe que derrocó a Juan Jacobo Arbenz en Guatemala. El segundo país en su baraja.
Mala fama por esos procedimientos y por la explotación de trabajadores y países. Richard Cohn tituló su biografía “El pez que se tragó una ballena”. Prefiero verlo como un tiburón que comía países en “Cien años de soledad”, si fatídico fue esto del banano, también representó un terremoto social: “Dotados de medios que habían sido reservados para la Divina Providencia… (los gringos) cambiaron el patrón de las lluvias, aceleraron el ciclo de cosechas y movieron el río”.
Un final arrepentido. Filántropo, donó la mitad de su fortuna a universidades, hospitales y viviendas en los países de su explotación.
París, mayo de 1968, grafiti famoso, “la imaginación al poder”, o sea fuera burócratas y políticos profesionales. Pero Zemurray demostró que este con aquella puede ser para mal. Vigilarla, porque el poderoso tiende a abusar del débil. Y la imaginación, movida por la ambición, mucho más.