Política
03 Jun, 2026
¿Puede este Gobierno acabar con la corrupción?
Por más casos que se descubren, el presidente crece en popularidad. En vez de condenar la corrupción, la estamos aplaudiendo.
Esta pregunta es pertinente en un momento como el actual, cuando el presidente propone una convocatoria al pueblo para que vote a favor de una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución de 1991. Que solo faltando dos meses para terminar su mandato constitucional Gustavo Petro sostenga que este es el mecanismo idóneo para acabar con la corrupción suena más a oportunismo electoral que a propuesta bien sustentada. Si su propósito fuera acabar con este flagelo, no habría nombrado en altos cargos a personas tan cuestionadas como Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina.
¿Qué interés tiene Gustavo Petro para hacer estos nombramientos sin escuchar las críticas que se les hicieron a estos personajes? ¿Qué persigue con el nombramiento de dos personas imputadas por la Fiscalía por delitos cometidos en sus administraciones? No es difícil la respuesta. Lo que el primer mandatario busca no es una buena administración para estas entidades, sino ponerlas al servicio de la campaña de Iván Cepeda. Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina son alfiles políticos nombrados para que le consigan votos a su candidato. Así las cosas, en vez de condenarlos, los premia.
Un gobierno en el que la corrupción ha campeado no es el indicado para enarbolar banderas de transparencia administrativa. Si esto le interesara no habría nombrado ministro a Armando Benedetti, que tiene siete procesos en la Corte Suprema de Justicia. Colombia no olvida los audios revelados por la revista Semana en los que dijo que si él hablaba todos se irían para la cárcel. Allí señaló fue él quien consiguió 15 mil millones de pesos para la campaña. ¿Qué secretos tiene de Gustavo Petro este personaje, que lo mantiene callado con el cargo? En un gobierno donde se exija transparencia Benedetti no habría sido nombrado ministro.
“La corrupción es un asunto cultural y lo peor que le puede pasar a una sociedad es acostumbrarse a ella”, escribió Fernando Savater. Desafortunadamente, parece que en Colombia nos estamos acostumbrando a ella. Es sino ver cómo a Petro esto no lo afecta. En otro país, un gobierno con tantos casos de corrupción ya estaría enfrentando la condena pública. Pero pasa lo contrario. Por más casos que se descubren, el presidente crece en popularidad. En vez de condenar la corrupción, la estamos aplaudiendo. Aquí cada día surge un nuevo escándalo con robos de los dineros públicos. Y en vez de culpar al Gobierno, lo apoyan en la plaza pública.
Si Gustavo Petro hubiera querido acabar con la corrupción, se habría abstenido de nombrar a Armando Bemedetti, o habría reversado los nombramientos de Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina. Pero no. Si critican sus decisiones, las impone. Lo hace para darles una bofetada a quienes no están de acuerdo con él. Tanto, que sostiene a Juliana Guerrero y Ricardo Roa en sus cargos para demostrar que es él el que manda. Se hace lo que él dice, y punto. Hasta allá llega su prepotencia. Prometió acabar con la corrupción, y lo que hizo fue incrementarla. Lo que Petro no logró en cuatro años no lo va a lograr en dos meses.