Hoy todos hablamos de las respuestas que el ministro de Salud dio a un medio radial nacional con ocasión de las quejas de un director de un hospital regional que, lamentándose de la calamitosa situación financiera de la entidad a su cargo, lloró en las cámaras, pues llevaba varios meses incumpliendo con sus obligaciones básicas con las personas que sin pausa y con entrega total, sin recibir el pago de sus salarios, prestaban su servicio con mística. Y solo eso podía hacer: llorar. Nada valía, ninguna razón, para poder mover la voluntad del burócrata que desde hace tiempo dice que hay que poner a las EPS en “cuidados intensivos” para que la reforma a la salud por fin se apruebe en el Congreso.
Pero la reforma no ha salido y quizá no salga. Y por eso con tono burlón solo atina todavía a decir, el señor ministro, ensayando de bufón y viendo llorar al señor director, que “los ricos también lloran”, para seguir burlándose, no ya apenas de los colombianos de a pie, todos, sino también de los lamentos de los gerentes de las entidades que atienden a los enfermos. Y claro, para seguir burlándose de la Corte Constitucional, de la Procuraduría, de la Contraloría, en fin, de todos los jueces y órganos de control.
La Corte Constitucional emitió varios autos para que se reajustara la UPC, en el 2024 y el 2025, pero ello solo provocó risas en el ministro bufón. En el 2026 -sin haber hecho los reajustes correspondientes de los años anteriores- realizó una elevación de su monto, que con toda seguridad no se ajusta a lo necesario, pues, esos porcentajes debieron haberse realizado sobre los montos que tendrían que haberse hecho antes. Por ello, hay que decirlo, no se han cumplido las órdenes de la Corte sobre el reajuste.
Los ciudadanos vamos acostumbrándonos a ver ciertas formas de llevar los asuntos públicos por quienes ostentan cargos de esa naturaleza; y así como existen funcionarios de conducta excelsa, los hay incompetentes, mediocres, perezosos, corruptos, etc. Pero no habíamos visto una especie que ahora inaugura el ministro Jaramillo: la de los funcionarios canallas. Sí. Mezquinos a quienes no les basta ser ineptos e incompetentes, sino que ahora agregan a sus deméritos, la burla y el desprecio en frente de la gente necesitada, humilde y desdichada, que tuvo la mala fortuna de tener que ir hasta sus puertas para pedir que cumplieran con su rol de servidores públicos. A cambio, reciben una risotada en su cara, y una petición: “¡siga llorando!”.
Todos ahora tenemos claro que la retaliación por no haber podido sacar adelante una reforma a la salud es tenerse que morir, sin atenuantes. Los pacientes crónicos, o con enfermedades de base, o trasplantados, etc., han visto acrecer sus males, porque ni atención ni suministro de medicamentos se les brinda. Antes bastaba una pastilla o una dosis de insulina; ahora ello se ha mutado por la condición de ser paciente de cuidados intensivos, pero, no hay atención para ello porque el servicio se ha cerrado por los impagos. Cuando se criticó públicamente al señor ministro de Salud por la debacle del SGSSS, el señor presidente Petro, dijo que le daría -en cambio- la Cruz de Boyacá, por su excelente desempeño. En lugar de dispensar los medios para curar el mal funcionamiento del sistema, ahora se dispone una repartición de cruces: la de Boyacá para el señor ministro Jaramillo y otras muchas, en jardines de paz, para los pacientes desahuciados.
Quienes han cultivado el derecho penal saben que quien tiene la misión de evitar un resultado -la muerte de los pacientes- al no hacerlo, o sea, al no evitar ese resultado, es como si lo hubiera producido. Se llama delito de omisión impropia. Cumple preguntarse ¿Cuándo la Fiscalía General de la Nación abrirá las causas respectivas y hará las imputaciones que fueren del caso, respecto de los miles de muertos que por la omisión punible y dolosa del ministro Jaramillo, siguen produciéndose en el país?
Entre tanto, pobres y ricos, en todo caso, “sigan llorando” espeta el señor ministro Jaramillo mientras ordena se dote de lanchas-hospital al desierto de la Tatacoa, por si acaso hubiera inundaciones sorpresivas por allá.