Cada día se hace más evidente la aspiración de no pocos ciudadanos de ser presidente de Colombia.
De otro lado, existen otros que aún no han expresado públicamente su interés en llegar al primer cargo ejecutivo de la Nación.
De estos últimos hay dos grupos: los que han anunciado su intención en un círculo cerrado o en núcleos políticos afines o distantes de su ideología. Otros más llegarán a ser precandidatos por intermedio de decisiones ajenas a su actual querer y voluntad.
Los que hoy aspiran ya tienen planteado su proceso para llegar a la candidatura. Hacen sus propias cuentas y sueñan con cifras desde distintos enfoques.
Para llegar a la Presidencia, los números son vitales siendo más importantes, como es lógico, el de electores en cualquier fase rumbo al Palacio de Nariño.
Otras cifras esenciales son las que representan aquellos líderes o no, conocidos o encubiertos, que lo acompañarán fielmente en la campaña; y cierran las cuentas las sumas de dinero y otras aportaciones para lograr los objetivos.
Escrutando el panorama, han comenzado a cantar en diferentes tonos aquellos que tienen como meta un mínimo para consolidar una candidatura.
Si ha sido funcionario estatal, hacen los recuentos de sus logros, rara vez lo que no pudieron o fracasaron en la acción.
Quienes no han ocupado cargos públicos ni privados presentan un plan de lo que serían sus acciones durante su mandato para cumplirles a los colombianos, más allá de sus electores.
Aparecen ahora aspirantes que no tienen la más mínima experiencia administrativa en asuntos estatales, constituyéndose en un indicador que merece ser analizado profundamente sin emociones, odios, venganzas ni utilizando símiles. Ser o no, donde la razón es fundamental.
Es un hecho que millones de votos se lograrán por solo empatía, innata o construida; ello podría aceptarse en consideración a la verdad de hechos demostrados que indiquen que ha sido una persona de conducta impecable, recordando que todo ciudadano es inocente mientras legalmente no se demuestre lo contrario, y tiene el derecho a convocar la voluntad del electorado. Donde ley y moral definen sus ámbitos.
Todos los antecedentes de los precandidatos son esenciales para conocer la trayectoria. No toda gestión termina en éxito; es una simple ley de la vida humana. Tampoco hay que aceptar que la mayoría de emprendimientos reales terminen en deplorables resultados.
Las encuestas, aún muy tempranas, van marcando una ruta que indica el deseo de los indagados, aunque la ficha técnica de la encuesta revele un número bajo en el factor de error. Ahora, todas las encuestas publicitadas o no, son útiles para la campaña, a favor o en contra.
Hay que tener en cuenta que existen encuestas pagadas por los aspirantes; sus resultados son muy útiles para saber su avance o retroceso durante la campaña. Los ciudadanos deben tener precaución con las cifras que pueden ser engañosas.
Las 44 sirenas, precandidatos, están en pleno apogeo del canto.