A propósito de una columna publicada recientemente en el periódico de casa, pienso que la mayor responsabilidad que le atañe a quien se dirige a la opinión pública, para coadyuvar en la formación de una postura civilizada sobre asuntos de interés ciudadano, es informarse y verificar que todo lo dicho se atiene rigurosamente a la verdad. Lo contrario puede invalidar o minar la credibilidad de su argumento, amén del daño que pueda ocasionar a todos aquellos a quien ha dirigido su reflexión o su diatriba.
Independiente de la visión que se tenga de las cosas, forzarlas para redondear una idea además de truculento es un irresponsable acto de prestidigitación.
Combatir con argumentos torpes, vacíos o con poca e inexistente información, los esfuerzos de entidades que luchan a “brazo partido”, para posibilitar a la ciudadanía el regocijo de encontrarse con lo más relevante de las artes plásticas contemporáneas, una obra de teatro, un concierto sinfónico, el deleite de un poema no contribuye; por el contrario, atenta contra el esfuerzo de sociedades o agremiaciones profesionales compuestas por voluntarios que entregan lo mejor de su capacidad intelectual y de su tiempo para trabajar en pro de cualificar a la población, haciéndola más educada y culta.
A propósito, el jueves 28 de noviembre en la sala Óscar Naranjo del Museo de Arte de Caldas se convocó a los manizaleños a la inauguración de su exposición 180, esta vez a cargo del maestro Santiago Cárdenas, un pintor que basa su propuesta plástica en engañar el ojo (trampantojo) mediante la superposición de objetos reales sobre la superficie pintada, y a un conversatorio sobre el legado póstumo del curador del Museo Alberto Moreno Armella, a quien debemos las bases de un pensamiento crítico sobre las artes plásticas, la música y la arquitectura contemporáneas, tarea que ejerció durante los 25 años que estuvo a cargo del trabajo museográfico, entre otras de sus múltiples actividades pedagógicas y culturales.
El Museo es un esfuerzo de gestión, investigación y a pesar de múltiples incomprensiones, ha sido fuente de enormes satisfacciones derivadas por ejemplo, de ver a niños colorear una réplica de la obra de Carlos Rojas, de Olga Lucia Hurtado, de Eduardo Ramírez Villamizar o al conversar con uno de los asistentes a una exposición para enseñarle a ver la obra que tiene en frente, o al observar el enamoramiento del público al contemplar una seductora Rita de Enrique Grau.
Exponer lo mejor de la pintura nacional, hacer visitas guiadas, realizar talleres para niños de escuelas primarias, tener presencia en las casas de la cultura y promover el salón BAT, fundación que convoca lo mejor de las obras plásticas vernáculas realizadas por diferentes etnias nacionales, incluida además, la población carcelaria, los recicladores, los habitantes de la calle…
Gracias a ello 8.000 artistas han sido recatados del anonimato y hoy ostentan airosos el alcance de su creación. Lo local, lo regional, cimientos de nuestra identidad, obtienen aquí el reconocimiento de ser la fuente primigenia de la cual se nutre la cultura nacional.
Incluir, convocar, inspirar, generar pensamiento crítico, son valores que le otorgan vida al Museo de Arte de Caldas.