Un buen terapeuta matrimonial ayuda a las parejas a encontrar destrezas para superar los conflictos.

Eso pide eliminar cuatro plagas: odios, culpas, apegos dependientes y perfeccionismo.

Para lograrlo hay que trascender y darse cuenta de que lo espiritual es clave en cualquier situación.

Una persona en contacto con Dios es más serena, tolerante, y no está prisionera de su ego.

Un buen amante aprende a deshacerse de su armadura, dialogar, ceder y ser compasivo.

Con entrega y dedicación, las parejas sabias sortean los escollos y mantienen vivo su amor.

Ámate, ama, y cuida tu relación, busca luces y aplica herramientas de mejoramiento.

El amor reverdece y florece cuando los dos dan lo mejor de sí mismos. Ámate y ama.

@gonzalogallog