Conforme pasan los años, reafirmo mi convicción de que Svetlana Alexiévich es, con abrumadora diferencia, una de las ganadoras más sólidas del Premio Nobel de Literatura de los últimos 15 años. De su figura podrán decirse muchas cosas: que su obra está abiertamente politizada (es una acérrima opositora del Kremlin), que su bibliografía es tremendamente escueta (solamente seis obras en su haber) o que su vigencia editorial es cuestionable (no publica nada desde el 2013). Todo ello puede incluso llegar a ser cierto, pero dudo mucho que cualquier persona que lea cualquiera de sus libros dude siquiera por un segundo que merecía ganar aquel galardón y que, de poderse, deberían hasta darle dos (el de Bob Dylan, por ejemplo... Sólo digo).
Es irónico que, justamente por el corto listado de títulos que forman su catálogo y el largo proceso creativo que antecede a cada uno de ellos, tengamos pleno conocimiento de un trabajo con su firma de hace más de 20 años que, inexplicablemente, no sólo no ha visto la luz en nuestra lengua, sino en ninguna otra distinta de su ruso original. Se trata de “Зачарованные смертью”, traducido libremente al español como “Fascinados por la Muerte” en su Wikipedia o “El Hechizo de la Muerte” en la solapa de “El Fin del Homo Sovieticus” de Editorial Acantilado.
En el mismo, Alexiévich recolecta las voces de aquellos habitantes de la Unión Soviética que intentaron quitarse la vida tras su colapso. Desde fervientes militantes del Partido Comunista hasta poetas, soldados y jóvenes desencantados tras la Perestroika, todos encuentran su lugar en este volumen olvidado.
De sus características tenemos pocas pistas, la mayoría esparcidas como piezas de un rompecabezas literario en diversos repositorios virtuales de Rusia. Sabemos que se trata de una novela corta o relato largo, cercano a las 100 páginas, lanzada al mercado por primera vez entre 1993 y 1994 por la editorial СЛОВО (“Palabra” en ruso) y que se tenía como la cuarta pata de la pentalogía de libros conocida como “Voces de la Utopía” de los cuales también forman parte, en su orden, “La Guerra No Tiene Rostro de Mujer”, “Últimos Testigos”, “Los Muchachos de Zinc” y, para cerrar, “Voces de Chernóbil”. Es tal su conexión con éstos que, incluso, en principio se publicó como un suplemento en la edición de “Los Muchachos de Zinc”.
Con total seguridad “El Hechizo de la Muerte” se trata de un texto de aciaga oscuridad, pero es igualmente necesario para hilar de forma correcta la demás obra de Alexiévich. Es el eslabón perdido entre los títulos que muestran el lado humano de la maquinaria bélica de la Unión Soviética (“La Guerra No Tiene Rostro de Mujer”, “Últimos Testigos”, “Los Muchachos de Zinc”) con su transformación radical hacia un país moderno bajo el gobierno de Gorbachov (“Voces de Chernóbil” y “El Fin del Homo Sovieticus”). Como un codo que permite flexionar un brazo, con él la literatura de Alexiévich podría presumir de más músculo.
Esperemos que alguna editorial rescate este Alexiévich fantasma y, finalmente, podamos leerlo para juzgar sus méritos por nosotros mismos.