Se ha dado inicio a la edición 69 de la Feria de Manizales. Para el 2027 se arribará a los 70 años que deben servir para comenzar a mostrar su necesario ajuste. Antes de las decisiones adoptadas por el Congreso de la República y la Corte Constitucional sobre la prohibición de las corridas de toros, en la ciudad ya se venían planteando, desde distintos escenarios, la necesidad de su revisión.
La Feria de Manizales es una marca intangible y reconocida a nivel nacional. Es un escenario de sincronización de retos sociales, culturales y económicos que debe permitir fortalecer el sentido de apropiación por un territorio que exalte lo cultural de una región andina montañosa con páramos y volcanes que hace parte del Paisaje Cultural Cafetero.
Siendo alcalde de la ciudad Mario Vélez Escobar, se expidió el Decreto 311 del 14 de julio de 1954 que creó la Feria de Manizales, teniendo como antecedente el Decreto 275 del 1º de diciembre de 1952 del también alcalde Carlos Arturo Jaramillo; esto en el marco de las fiestas centenarias de la ciudad. Debe aclararse que desde la segunda mitad del siglo XIX como era apenas obvio, Manizales tenía sus propias festividades bajo la categoría de carnaval. 
La actual Feria se ha caracterizado por ser una fiesta conmemorativa, polifacética y de emulación española que se ha representado a través de manolas, corridas de toros, tunas universitarias, el famoso pasodoble feria de Manizales y los tradicionales desfiles como las Carretas del Rocío y la Virgen de La Macarena.
El problema a resolver en adelante deberá dar respuesta a la pregunta ¿cuáles deben ser en el contexto actual los objetivos buscados por la Feria de Manizales y hacia qué población debe dirigir sus esfuerzos locales? No es la hora de seguir llenando la Feria de incontables actividades ni de seguir emulando otras manifestaciones culturales regionales, nacionales o internacionales ampliamente reconocidas.
Es necesario atender e interpretar nuestras características sociales, económicas, ambientales, territoriales y culturales con el fin de poder reencontrar el camino de la identidad, de aquello que nos hace únicos o diferentes respecto del resto, en términos de diversidad y multiculturalidad.
Toda festividad suele ir acompañada de baile, trago y comida. Pero debe tenerse bastante cuidado en que la Feria de Manizales no se convierta en una invocación romana de “pan y circo”. Se deben identificar los hechos culturales más representativos de la ciudad y de la región. A partir de este ejercicio, que debe ser lo más amplio y participativo posible, se podrán encontrar las acciones o manifestaciones más significativas y respecto de las cuales se desean activar las herramientas para su preservación patrimonial.
Los festivales, carnavales y ferias más importantes del país han tenido sus momentos críticos. La apertura primero mental para apostar por unos procesos transformadores que no sacrifiquen la esencia de nuestra cultura no deben ser desatendidos. Manizales, que es reconocida como un territorio culto o cultural, tiene el enorme reto de demostrarlo.