Los colombianos somos afortunados de tener en el pasado grandes pensadores, historiadores y analistas de la vida política y social nacional y del continente. Pienso en las generaciones de liberales de la primera mitad del siglo, entre los que se destacaban el gran escritor Germán Arciniegas, cuyos libros nos abrieron las ventanas a la historia continental y mundial o Indalecio Liévano Aguirre (1917-1982), excanciller de alto nivel que escribió “Los grandes conflictos sociales de nuestra historia”, “Bolivarismo y Monroísmo” y brillantes biografías de nuestros próceres, entre ellas la de Rafael Núñez, que en 1944 lo llevó a la fama.
El bogotano Liévano, cuyo padre fue el arquitecto del Palacio Liévano, trabajó como secretario de Alfonso López Pumarejo y fue gran amigo desde joven de Alfonso López Michelsen, quien lo nombró canciller. El tutor de sus tesis de grado en la Universidad Javeriana fue el destacado político e intelectual Carlos Lleras Restrepo y desde ese momento inició una larga carrera de periodista y escritor.
Liévano Aguirre fue miembro del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), encabezado por López Michelsen, quien le cedió la Presidencia varias veces cuando se ausentó del país, razón por la cual, a su muerte, fue homenajeado como expresidente de Colombia. Liévano Aguirre es uno de los grandes historiadores del país, que las nuevas generaciones deberían leer y releer.
Como mi padre, Alvaro García, era miembro del MRL en su línea dura y pertenecía a esa generación de liberales que como Otto Morales Benítez despuntaron a la vida social y política en la primera mitad del siglo XX bajo los varios gobiernos liberales que se sucedieron desde Enrique Olaya Herrera hasta López Pumarejo, Eduardo Santos y el joven Alberto Lleras Camargo, tuve la fortuna de acceder adolescente a las obras de Germán Arciniegas e Indalecio Liévano Aguirre.
Debido a que tuve una fractura supracondílea grave en un brazo durante mi infancia inquieta, los años de la adolescencia los dediqué a devorar la biblioteca de mi padre. Así pude leer con pasión “Los grandes conflictos sociales de nuestra historia”, un libro fascinante de Liévano Aguirre que recomiendo a quienes no lo conocen. Era un prosista nato, un humanista ejemplar que entendía los problemas geopolíticos como pocos. Si hoy estuviera vivo, en estos momentos de “efervescencia y dolor” como diría el poeta, él nos ayudaría a solucionarlos.
Donald Trump, un payaso loco e ignorante, imputado en varios frentes como el del pedocriminal Jefrey Empstein, gobierna a Estados Unidos y amenaza como Nerón desde la Casa Blanca con su fuerza militar a América Latina, especialmente al Caribe, donde se propone o intenta, violando las leyes internacionales, propiciar una nueva guerra que ya ha causado casi un centenar de ejecuciones extrajudiciales en el mar ante el silencio de las democracias europeas y del mundo.
En su libro “Bolivarismo y Monroísmo”, Liévano Aguirre analiza las ideas visionarias de Bolívar y las intenciones profundas de la Doctrina Monroe, que renace ahora desde el pasado para amenazarnos y tratar de encadenarnos con bombas y muerte. Tengo en mis manos el pequeño volumen de este brillante texto de un liberal colombiano publicado en 1969 por Populibro y lo releo con entusiasmo, para que los latinoamericanos despertemos ante la absurda amenaza que nos cierne.