De recordar que en la Universidad Nacional de Colombia se han vivido momentos de esplendor en la ciencia, las artes, las letras, la palabra en debate, pero en construcción de espacios para la creación y el desempeño fructífero de la vida. No hay historias perdidas. Transcurre el tiempo y hay quienes se sortean en aplicaciones provechosas, con huellas para trajines siguientes. Los errores se enmiendan, y al asimilar experiencias se dan pasos adelante, aun cuando en ocasiones pareciera que la historia problemática se repite.
Es el destino de las sociedades, de las instituciones, de las personas. Hay que mirar atrás para asimilar en comprensión lo ocurrido y no dejarnos llevar por el sensacionalismo derrotista. Las cosas buenas deben difundirse para multiplicar efectos.
En los años 1964-1966 se tuvo el rectorado nacional UN de José Félix Patiño-Restrepo y de Alfonso Carvajal-Escobar en el decanato UN-Manizales, con la mediación de Marta Traba en la gestión y agite cultural. Quienes vivimos como estudiantes ese momento contribuimos a testimoniar con labores ese ambiente inolvidable.
Ocurre que nosotros, en Manizales, conseguimos integrar profesores y estudiantes en compromisos extracurriculares: se conformaron el grupo de teatro, la coral universitaria, el cineclub, periódicos en mimeógrafo, cursos libres de apreciación musical y de fotografía, un programa de radio en emisiones dominicales con música y comentarios. En complemento, la participación solidaria en barrios menos favorecidos, sin ningún agite político. Era la Cultura en compromiso y solidaridad, por el bien común, con perspectiva de horizonte de dignidad y trabajo.
En esa atmósfera creamos, en 1966, la Revista Aleph, con nombre de evocación borgesiana, de la Cábala y de la ciencia matemática. En principio con la intención de publicar artículos de ciencia, tecnología, humanismo, pero en 1972 la separamos, al crear la revista científico-técnica, con el modesto nombre de “Boletín de Vías” que alcanzó cien ediciones (1972-2006). Aleph la dedicamos al humanismo, con literatura en sus diversas expresiones, el pensamiento y el arte, con manuscritos autógrafos, dibujo, pintura, música.
Las ilustraciones de carátula e interiores conforman un interesante acervo, con firmas de renombre y también de jóvenes en proceso de formación. La participación de escritores y artistas cubre amplio espectro nacional e internacional, con bastiones ineludibles y varios centenares de colaboradores. Se dispone de significativo grupo de asistentes, académicos/escritores de pensamiento: Marta-Cecilia Betancur, Carlos-Alberto Ospina y Heriberto Santacruz.
He dispuesto una sección muy constante, con el nombre de “Reportajes de Aleph”, con diálogos de personalidades de diversas disciplinas intelectuales y variados lugares de la geografía internacional, de los cuales se han publicado dos volúmenes antológicos. Hay allí encuentros con Juan Herkrath, Leopoldo Zea, Juan Rulfo, Emma Reyes, Blas Galindo, Oswaldo Guayasamín, Ben-Ami Scharfstein, etc. Se han hecho 53 ediciones monográficas, y ahora con 215 ediciones, al terminar el 2025.
De manera que en este 2026 habremos de sentir la satisfacción de los ¡60 Años! de la Revista Aleph, con cuatro ediciones y un volumen de celebración. Quizá, además, con un volumen antológico.
También se trata de mi edad en la actividad cultural-intelectual-académica, de escribano, imaginero de caminos e interventor de crepúsculos. En realidad nací de esa manera con la guía y acompañamiento de José-Félix Patiño, Marta Traba y Alfonso Carvajal-Escobar. Desde entonces siempre en la compañía estimulante y amorosa de Livia, mi cómplice.
¡Gracias a la vida!