Que si genera muchos empleos, que si viene mucha gente, que si deja buenas rentas, que si nos posiciona como ciudad, que si deja aplausos para la Alcaldía. Hablar sobre la Feria de Manizales debe tener una ambición todavía más grande que esa. Que si nos representa, que si ha perdido su sentido, que si conserva símbolos potentes. Pensar el significado de la Feria debe revisar su relación con la cultura cotidiana en la ciudad para poder reconocer qué estamos haciendo y para dónde va.
¿Qué quiero decir? Propongo que arranquemos por un dato: la Feria es el evento cultural con más acogida entre los habitantes de Manizales. Según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Manizales Cómo Vamos, en el 2024, el 34% dijo participar de este evento, por encima del cine (29%) y los conciertos (22%). En el 2023, esa medición alcanzó el 59%. Esto nos plantea que la Feria es lo que más parece marcar nuestro circuito cultural (ver: https://shorturl.at/2Zqpx).
La Feria no es ese momento excepcional del año, sino que en realidad su semana define, en todo momento, buena parte de lo que los manizaleños aspiran en sus demandas de cultura. Así, cualquier discusión sobre ella, cualquier modificación o innovación que se nos ocurra ahora que desaparecerán los festejos taurinos, está impactando al evento cultural de mayor participación de los manizaleños.
Sabemos que no podemos confundir oferta cultural con la cultura misma, pero no hay que subestimar el poder de la Feria para definir nuestras formas de vida estéticas y éticas. Bourdieu ya nos había advertido que los productos ofrecidos —la oferta cultural— tienden a limitar el universo de las experiencias posibles para el desarrollo cultural. Añade que los gustos dependen del sistema de bienes culturales ofrecidos; cualquier cambio en este definirá un cambio de gustos (ver: https://shorturl.at/0gj1s).
Así, no parece definitiva esa creencia de que tenemos la Feria que nos gusta. Sus eventos y sus ausencias también van moldeando lo que nos empieza o nos deja de gustar.
Por eso mismo, en vista del grado de participación y reconocimiento, ¿será que hemos recargado de más a la Feria como espacio definitivo de lo cultural? Llevados por el afán comercial y turístico, podemos estar concentrando allí la oferta que deberíamos estar experimentando en otros momentos del año - contando su inversión pública y privada-. Tal vez la meta sea tener una Feria potente y llamativa, siempre que la participación en otros espacios culturales del año se enriquezca.
Por el contrario, si la decisión es que la Feria continúe como referente de nuestras experiencias culturales, la pregunta es si estamos logrando que todos encuentren allí su lugar de expresión y vivencia.
Según la misma Encuesta de Percepción en el 2024, mientras el 78% de los manizaleños entre 18 y 25 años dijeron participar de la oferta cultural, en el grupo de mayores de 55 solo la mitad dijo hacerlo. Mientras los jóvenes reportan una satisfacción alta (77%), los mayores de 55 vuelven a estar entre quienes presentan menor satisfacción (68%). Como la Feria es el evento de mayor participación, es posible que allí se mantenga esa medida.
En consecuencia, si le dejamos ese rol tan importante a la Feria, en una ciudad que envejece rápido tendremos que garantizar que las personas mayores encuentren allí mejores espacios para sus experiencias estéticas y culturales. Hablamos de las personas mayores en este caso, pero seguro existen más sectores por revisar.
A mí me empieza a gustar la idea de que nuestro desarrollo cultural dependa de una oferta anual menos centralizada en la Feria. Con cierta distancia de las ventas y los visitantes, quizá tengamos más pausa y sentido para pensar nuestras muchas estéticas y gustos como comunidad. Hasta puede que terminemos con algo mejor para ofrecer cada enero.