Según la película “El aprendiz”, Donald Trump se rige por tres principios básicos. El primero: atacar, atacar y volver a atacar. El segundo: no admitir nada y negarlo todo; jamás reconocer errores, culpas o fracasos. Y el tercero: proclamar siempre la victoria. Gustavo Petro, con algunas 8variantes, ha mostrado en distintos momentos un comportamiento similar.
Ambos abusan de las redes sociales. Por este medio opinan, nombran y destituyen funcionarios. Petro, incluso, utiliza en muchas oportunidades la plataforma X como medio de desahogo y para hacer catarsis. Ambos se comportan de forma infantil: insultan y atacan un día y al siguiente, alaban y ponderan a la misma persona.
Trump se considera el “sheriff” del mundo. Lo grave es que, por el poderío económico y militar de su país, nadie quiere “cazarle peleas”. Se metió de frente con Venezuela y, contra todo pronóstico en una operación milimétrica, se llevó a Maduro para juzgarlo en Estados Unidos. Su intención es controlar administrativamente a Venezuela y sin escrúpulos, dice que va por el petróleo, aunque en el fondo su apuesta es frenar la intromisión de Rusia y China en Latinoamérica.
Al principio, Petro no estuvo de acuerdo con la intervención de Trump; sin embargo, rápidamente cambio de parecer.  Por un lado, se olvidó de Maduro. No volvió a mencionarlo e invitó a la nueva presidenta a Colombia.  Por el otro lado, enfiló todas sus acciones para conseguir una conversación telefónica con Trump.  Al parecer, el presidente anda  asustado por lo que le ocurrió  a Maduro, por la pérdida de su visa americana y su vinculación en la llamada “Lista Clinton”.
Sean ciertas o no estas  razones, logró que Trump le pasara al teléfono y, lo más increíble, que lo invitara a la Casa Blanca. La llamada duró aproximadamente una hora, en la que Petro intervino durante  45 minutos. Estaba tan ansioso que, como dice el dicho, “habló más que un perdido cuando lo encuentran”.
Es claro que Petro enfrenta como gobernante  problemas  críticos: la situación económica del país, las dificultades de la salud, el crecimiento de los cultivos de coca, la “paz total” y la  corrupción desbordada. No obstante, ninguna de estas razones justifica que Trump intervenga al país como lo está haciendo con Venezuela.  La situación de Maduro es muy distinta a la de Petro. 
La conversación con Trump no será fácil. El magnate no es ningún “pintado en la pared” y Petro tendrá que hacer uso de toda su habilidad política, para manejar una posible “encerrona” y, sobre todo, evitar discusiones y menos  ponerse bravo.  Lo más importante para Colombia es que Petro no regrese peleado con Trump, pues esto avivaría el discurso “antigringo” y provocaría que un Trump molesto decida aplicar sanciones al país.
Petro tendrá que aprovechar el momento para lograr que, en las reuniones con Trump y con la nueva presidenta de Venezuela, le ayuden a controlar al Eln. Este grupo guerrillero se ha apoderado  prácticamente de los 2.200 kilómetros de frontera común; domina territorios mineros estratégicos en Venezuela y mantiene el monopolio de los cultivos ilícitos en la región colombiana del Catatumbo, lo que la ha convertido en una guerrilla rica y poderosa.

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P. D. Es ilegal y un claro abuso de poder que la Nación haya contratado a un abogado por $10.000 millones para que defienda, en un tema personal -su inclusión en la Lista Clinton-, al ciudadano Gustavo Petro.