Este año los colombianos nos vamos a jugar nuestro futuro. Van a ser cuatro elecciones cruciales: la de los congresistas, dos vueltas presidenciales y la aprobación de la Asamblea Nacional Constituyente. La gran apuesta del Gobierno es ganar la mayoría en el Congreso, nombrar a un presidente de su grupo político y sacar adelante su constituyente.
Su estrategia de campaña consiste en fortalecerse en las redes sociales, no solo por su permanente figuración en la plataforma X, donde tiene aproximadamente nueve millones de seguidores, sino también por el alto número de influenciadores vinculados con recursos del Estado. A esto se suma el gran número de contratistas nombrados por prestación de servicios y la apuesta por el incremento exagerado del salario mínimo.
Es muy claro que Petro es un populista y demagogo que está siguiendo al pie de la letra la receta de Chávez en Venezuela. Con el incremento del salario mínimo, poco le importó el control de la inflación, que se estancó en el 5% anual y que por el aumento del mínimo, se va a disparar. Desestima que la inflación es el impuesto de los pobres, a quienes dice defender, y que además aumentarán el desempleo y el trabajo informal. Una de sus quejas es que el Banco de la República no ha querido bajar la tasa de interés; lo grave es que esta va a aumentar. La principal función del Banco es controlar la inflación. Antes de la aprobación de la Constitución de 1991, esta rondaba niveles del 25% y costó mucho trabajo bajarla.
Petro considera que tanto el Congreso como las altas cortes, especialmente la Constitucional, lo tienen bloqueado. Su narrativa es que no le han querido aprobar sus reformas. Como cualquier dictador, no le gustan las contradicciones ni conciliar sus propuestas. Además, no quiere un Banco de la República independiente. Su interés es tener el control del Banco y así entre otras, poder emitir billetes. Le tiene sin cuidado la crisis fiscal que está viviendo el país. Con respecto a la Corte Constitucional, también busca limitar sus poderes, como sucede en Venezuela. Siendo, entre otros, los cambios que quiere impulsar con su constituyente.
Además, está desesperado por conseguir recursos. Vendió a escondidas $23 billones en bonos -que en realidad son un crédito- y en condiciones totalmente desfavorables para el país, lo que le generó recursos frescos. No contento con esto, expidió un decreto, basado en una supuesta emergencia económica, con nuevos impuestos por $16 billones, después de que le fuera negada una reforma tributaria en el Congreso. La expectativa es que esta medida sea suspendida por la Corte Constitucional cuando los magistrados regresen de sus vacaciones.
El panorama se ve muy sombrío para el país. Por fortuna, aparentemente Petro no cuenta con las mayorías. Una estrategia política tan agresiva requiere una respuesta fuerte y bien pensada de la oposición. Por un lado, se puede generar un efecto bumerán frente a las decisiones del Gobierno y, por otro, explicar los riesgos que está atravesando el país en un lenguaje claro y comprensible. Evitar ataques personales y confrontaciones directas con Petro. Un punto muy importante es lograr alianzas entre los candidatos a la Presidencia, procurando que “prime el bien mayor”, que es salir adelante de la actual coyuntura y, sobre todo, evitar que Colombia se convierta en una nueva Venezuela.