Qué mayor tesoro y qué inmensa alegría es tener una familia numerosa para compartir la Navidad. En mi familia somos nueve hijos, mi papá siempre quiso una familia grande, ya que él tuvo la dificultad de ser hijo único, nunca le gustó y buscó en sus amigos a los hermanos que nunca tuvo y en su esposa y sus hijos la alegría y la compañía que le faltó en su infancia.
Una vez uno de sus amigos le dijo en broma, cuando mi papá anunció el nacimiento de un nuevo retoño: “Pero Jaime, y usted cuándo va a para de tener hijos”. Mi papá, que era muy bravo, lo insultó y le dio un puñetazo, pues no toleraba que nadie criticara este asunto; él fue feliz con cada uno de sus hijos e hijas, siempre promovió la unidad familiar y no permitía que peleáramos entre nosotros, ese fue un valor que nos inculcó desde pequeños y que aún hoy conservamos.
El mejor regalo que recibí en esta Navidad fue contar con la compañía de siete de mis ocho hermanos y sus familias, en las que ya se cuenta una sobrina nieta: Amelia, ella tiene el honor de portar el nombre de mi abuela y bisabuela maternas y hoy les confieso que el mío también, pues mi nombre completo es Beatriz Amelia, lo que pasa es que siempre me sonó a nombre de regaño, estoy segura que no soy la única con el trauma, pero es un nombre que se ha vuelto muy popular.
Pero continuemos con la familia y la alegría de estar juntos y, gracias a Dios, aliviados, pues, con el paso de los años, cada vez es más evidente que la mayor riqueza con la que se puede contar es la salud, y en mi familia todos estamos bien; como decía mi papá cuando le preguntaban: “Doctor ¿cómo está?”, y él contestaba con ese humor que lo caracterizaba: “Vivos y afuera”, refiriéndose a fuera de la cárcel, ya que por su oficio de penalista le tocaba conocer y defender a muchos que no contaban con este privilegio.
Respecto al fin del 2025, les puedo decir que este fue un año que tuvo sus contrastes, vi crecer a mi hija a pasos agigantados y ahora me preparo para verla partir a la universidad, posiblemente a otra ciudad.
También fue un año de amores y desamores, pero espero que el 2026 me traiga un amor que sea de verdad.
Como muchos colombianos veo con mucha ilusión el fin de la era Petro, espero que no se repita este desacierto y que haya muchos arrepentidos en las próximas elecciones, que voten bien.
A ustedes les deseo mucha alegría en esta Navidad y fin de año, mucha paz en sus vidas y en sus familias, amor en sus corazones y mucho optimismo, para que comiencen el Nuevo Año felices y contentos, todo esto mezclado con salud, para que lo puedan disfrutar, pero siempre, siempre, con Dios en su corazón, porque sin Él nada estaría completo.
A mis lectores les deseo Navidad y un próspero 2026 y les agradezco el haberme acompañado leyendo mis columnas un año más.