“No hay almuerzo gratis” es una expresión popularizada por el economista estadounidense Milton Friedman (1912-2006), Premio Nobel de Economía de 1976, representante de la famosa Escuela de Chicago y referente de la corriente del liberalismo económico. Más allá de los estereotipos relacionados con sus afiliaciones, Friedman tenía razón en el uso de la expresión, la cual, representa que nada es verdaderamente gratuito en la economía, porque siempre existe un costo oculto, algo que parece gratuito pero que es financiado por alguien, o un costo de oportunidad, algo que eliges necesariamente involucra renunciar a otra cosa.
Lo anterior se sustenta en la raíz etimológica de la palabra economía, derivada del griego Oikonomia, que significa la administración de la casa, refiriéndose a la gestión de una unidad familiar, productiva o colectiva como es el Estado. Allí está latente el concepto de escasez. Para los griegos, la economía era tener una inteligente gerencia de los recursos, entendiendo que no eran infinitos, y que su administración debía ser racional y propender por una sostenibilidad o equilibrio. Era un llamado al liderazgo responsable y moral de los recursos escasos, es decir, no es solo crear y tener riqueza sino también utilizarla.
Estos principios tienen implicaciones prácticas en la sociedad. Esta semana en Colombia tuvimos un ejemplo claro. El Ministerio de Hacienda de Colombia anunció que las órdenes de prestación de servicios de personas naturales del mes de diciembre 2025 se pagaran en enero 2026, siendo uno de los peores regalos de Navidad que pueda tener un Gobierno nacional con sus trabajadores no directos. Evidentemente la plata no se perderá y se cumplirá con los pagos, pero es un reflejo de la caótica situación de las finanzas públicas en el país y un problema estructural de gestión y pensamiento de este Gobierno asociado a omitir la relevancia de la buena administración de recursos y considerar que los recursos financieros son infinitos.
Detrás de eso hay una confusión profunda, en la que para muchos simplemente es cuestión de pedir más plata al Congreso, para poder gastar más y endeudarse más, independiente de donde salga el recurso, lo importante es gastar. Y, efectivamente, es el Gobierno en la historia de Colombia con el mayor presupuesto público para ejecución, y paradójicamente está cerrando el 2025 con indicadores también históricos de déficit y deuda pública.
El Gobierno con más recursos que no logró reducir la desigualdad económica por medio de la redistribución de la riqueza que teóricamente es función del gasto público de inversión alimentada por impuestos (consultar Coeficiente de Gini antes y después de impuestos).
El Gobierno nacional se está dando de frente contra una realidad económica. Los recursos escasos deben ser bien administrados, lo cual, aplica para un jefe de hogar, un jefe de una empresa y un jefe de Estado. Sin embargo, quienes terminarán pagando los platos rotos de la ineficiente gestión de las finanzas públicas en el país seremos todos los colombianos, pobres, clase media y ricos, consumidores y productores, todos.
Lo pagaremos en el corto o mediano plazo con más impuestos que seguirán drenando nuestra capacidad adquisitiva, y así y todo en ese sombrío panorama, muchos ciudadanos, líderes y políticos continuarán exigiendo mayores subsidios, beneficios y gasto público en general, olvidándose de que no hay almuerzo gratis.