El aumento del salario mínimo del 23,7% en Colombia por decreto no es solo una decisión abrupta, es una apuesta continua del Gobierno nacional a tomar decisiones sobre premisas cuestionables. La narrativa del Gobierno se sustenta en un razonamiento sencillo: a mayores ingresos de los trabajadores, más dinámica de consumo final de los hogares y, por ende, un incremento en las ventas de las empresas. En este sentido, la decisión del salario mínimo incentiva la economía global sin afectación negativa. Lo anterior es un argumento falaz, porque pareciera válido y consistente, ayudando a persuadir la opinión pública ad portas de elecciones a Congreso y Presidencia, pero viola las reglas de la lógica y es engañoso.
El mensaje de más salario, más consumo no prueba su conclusión, simplemente considera que la economía funciona exclusivamente desde el gasto, creyendo que la demanda crea su oferta, y por lo tanto, nuevamente el trabajador es la figura clave en el funcionamiento de todo el sistema. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Este razonamiento omite que ningún salario existe sin una decisión previa de inversión de capital para el punto de arranque de la operación en las empresas, que involucra precisamente el pago de los factores asociados al proceso de producción, en donde está la remuneración del factor trabajo. La misma inversión sostiene a la empresa en su operación frente a las incertidumbres del mercado y esos riesgos son asumidos por el empresario.
Esto significa que el trabajo es una parte del proceso, pero no la única pieza. Por lo anterior es que los economistas insistimos en que la oferta crea su demanda, es decir, la producción de las empresas es el mecanismo de generación de valor en la sociedad, ya que a través de la administración interna se distribuye la riqueza en los factores; y sin la decisión de producir de los empresarios no existiría riqueza para repartir en la población, por ejemplo en forma de salarios. La riqueza se crea en la producción, no desde el gasto. Los salarios que se transforman en consumo son el resultado de la inversión y la producción, generándose una demanda potencial para dicha oferta.
Esa inversión que empuja toda la dinámica económica responde a incentivos. Las empresas son entidades con ánimo de lucro, por lo cual, el balance de ingresos, egresos y margen de ganancias es primordial al momento de producir. Es una cuestión básica de sostenibilidad. Las empresas no tienen la obligación de producir bienes y servicios, lo hacen porque encuentran un incentivo económico de mercado (beneficio) para hacerlo, y en dicho proceso generan esa riqueza para el consumo de la población.
Así que la decisión de incremento del salario mínimo en Colombia es un enorme golpe para muchas empresas formales en el país, que desde el 1 de enero están buscando alternativas administrativas, presupuestales, jurídicas y tecnológicas para proyectar cómo poder seguir siendo rentables, porque en ese universo empresarial, donde más del 90% son pequeñas y medianas empresas, los márgenes de ganancia no superan un dígito, lo cual, no se soluciona con líneas de créditos flexibles desde el Gobierno nacional donde el mensaje es: endéudese por mi decisión.
Adicional al hecho que este nuevo salario mínimo favorece a una baja proporción de trabajadores y abre más esa brecha de oportunidad para que muchos colombianos puedan acceder a un empleo formal en Colombia. Reitero el mensaje que los ingresos de los trabajadores deben crecer, pero eso sucede por efecto del crecimiento económico y la productividad.