¡Qué revoltijo¡
Señor director:
La democracia es algo que tiene sus atractivos y secretos, con los que es fácil engañar a los incautos que caen en una inmensa red de subterfugios, llegando al horno crematorio de llantos y lamentos en el incomprendido mundo de los humanos. Todos aspiramos al poder, directa o indirectamente “para hacer y deshacer”. La escalera invisible que conduce a los estrados del poder es algo que simbólicamente se presenta para que unos cuantos, llamados demócratas vivan felizmente la realidad ficticia de quienes en medio de su inocencia aun continúan siendo carnadas de quienes con fruición ondean la nobleza de las condiciones de igualdad que nos brinda la democracia.
Cada grupo político, con ideología o no, busca satisfacer apetitos personales o de grupo tratando sin la solidaridad debida, procurando ser ellos y sólo ellos los invitados al ágape de quienes a puerta cerrada disfrutan la torpeza y la ignorancia de quienes se comen los discursos vanos y retrógrados invocando con sublimidad la grandeza infalible de una democracia plena en el heterogéneo campo de las posibilidades.
Eufemística democracia, grupúsculos de minorías que ganan poder frente a inmensas minorías sin que haya plenamente un predominio ideológico capaz de demostrar con fehacientes argumentos la solidez plena y evidente con carácter de incontrovertible la eficiencia de lo que en sí constituye el ejercicio de la democracia.
Ganar es tener mayorías que acompañan un proceso, un proyecto, un programa. La competición, en condiciones amplias, es una forma de concebir la democracia, pero no simplemente con intereses creados para acceder al poder sí o sí, tratando de no quedar por fuera de la mesa aunque sea en el banquete de Epulón y Lázaro.
Hoy, renuncias de candidatos sin ninguna posibilidad de hacerse contar por carecer de vocación, carisma o liderazgo para adherirse al candidato que las encuestas dan como “ganadores” y, “hay que ir tras el que va punteando” en las encuestas, “porque algo de algo nos toca”. Y son grupos que otrora tuvieron el poder, sabían qué había que hacer y, no lo hicieron. Huérfanos del poder se cuelgan de cualquier lazo para llegar “a cazar algo” para no perderlo todo. ¿Cuándo será que se acaba la aberrante costumbre de que la política es para ganar poder y vivir bueno en nombre de una espuria democracia?
Elceario de J. Arias Aristizábal