Petro, el prepotente Petro
Señor director:

Muy conocida es la fábula, relato o figura, muy didáctica por cierto, que aparece en La Biblia, y con la que se refiere a personajes tan comunes en nuestra sociedad como son Goliat y David. Ejemplos, nuestro narciso presidente, nuestro gran genio, nuestro gran Goliat. 
Se cree el “rey de la selva” y apenas llega a un simple gatito doméstico de cualquier casa común y corriente.
La diplomacia se practica con un buen lenguaje, con elegancia y finas expresiones con el sapiente proceso del diálogo inteligente como corresponde a quienes tienen la misión de administrar los intereses de los ciudadanos de todo un país, y no simplemente como el dueño de un territorio particular, como patrón sin ninguna responsabilidad social nacional e internacional.
La diplomacia, no se ejerce con bravuconadas, ni actitudes desafiantes y lenguaje procaz e irrespetuoso; tampoco se ejerce con discursos encendidos y vehementes al fragor de personas que forman masas incoherentes reunidas por la dinámica de intereses personales en medio de su ignorancia, manipuladas “por el jefe” para mostrar un poderío sin ideologías, ni postulados doctrinarios como lo hacen la mayoría de quienes se llaman “políticos” sin carismas ni liderazgos.
Trump, todavía aplica el vetusto principio de “el que manda, manda aunque mande mal”. ¿Para qué peleas con quienes tienen el poder y son los dueños del dinero y..., son los fuertes de la tierra? La lucha es con sentido común, con sagacidad y con inteligencia. Cuando se representan los intereses de toda una nación no se puede actuar a la ligera, ni demostrar poder cuando no se tiene.
No es peleando, es con sindéresis y un buen equipo de asesores idóneos que con la luz de la inteligencia iluminen el camino recto de la diplomacia. Soy progresista, pero así no.
Elceario de J. Arias Aristizábal

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