Señor director:
Frances Perkins tomaba un té en Nueva York, cerca de Washington Square, 25 de marzo de 1911, cuando se inició un incendio. La fábrica Triangle ardía a 10 pisos de altura. En las ventanas del 9.º piso aparecieron jóvenes trabajadoras, ardiendo. Tras ellas, el fuego. Delante de ellas el vacío. Murieron 146. Algunas de 14 años. Las salidas estaban cerradas con llave. No por seguridad, sino para evitar que hicieran pausas saliendo y llevándose retales de telas. Ese día Frances hizo un juramento. Ingresó a la universidad de Columbia a estudiar la malnutrición en los barrios pobres.
En una visita universitaria a una fábrica, vio chicas de su edad atrapadas en salas sin ventanas, jornada de 12 horas, 6 días a la semana, dedos aplastados por máquinas, pulmones arruinados por el polvo. “La educación no vale nada sino defiende la dignidad humana”, pensó. Se graduó. Reunió pruebas y luego se plantó ante legisladores y a hombres poderosos diciendo que sus beneficios estaban matando gente. A pocas semanas ayudó a impulsar cambios en las leyes laborales de New York. Salidas de emergencia sin llave y bien señaladas, sistema de rociadores automáticos, límites a las horas semanales de trabajo, en pro de las mujeres y los niños. Un día obligatorio de descanso a la semana.
Los dueños de fábricas protestaron, pero Frances mostró fotos de víctimas y las leyes se aprobaron. Los lugares de trabajo en EE. UU. empezaron a cambiar. Fue la mujer más odiada de la industria. En 1933 el presidente Franklin Roosevelt la nombró secretaria de Trabajo. Fue rechazada por los industriales y empresarios. Le entregó a Roosevelt una lista: Una semana laboral de 40 horas. Un salario mínimo. Fin del trabajo infantil. Un seguro de desempleo. Pensiones de vejez. Roosevelt le dijo: Sabes que esto es imposible. Ella: Entonces busca a otra. La nombró. Durante 12 años ella luchó por esas exigencias imposibles. Ley de seguridad social (1935), Ley de normas laborales justas (1938). Una salida de emergencia. Fin de semana libre. Pago de horas extras. Cada cheque de la seguridad social. Cada niño en la escuela y no en el trabajo. Ahí está Frances Perkins. Murió en 1965 a los 85 años de edad.
Alirio de los Ríos Flórez