Diana Barreto, de 41 años, y Guillermo Arias, de 70, relatan sus trayectorias como taxistas en Manizales. Su profesión es su brújula. Así ha evolucionado.

Fotos | Luis Fernando Trejos y cortesía | LA PATRIA

Diana Barreto, de 41 años, y Guillermo Arias, de 70, relatan sus trayectorias como taxistas en Manizales. Para ella, una terapia al volante. Él, un testigo del tiempo.

Para Diana es un mundo nuevo. Para Guillermo es la historia de su vida. Manizales cruza sus caminos con una profesión.

Un duelo familiar y el desempleo los llevaron al mismo punto de partida: un nuevo proyecto de vida conduciendo taxi y descubriendo distintas facetas de su ciudad natal.

 

Terapia al volante

La manizaleña Diana María Barreto destaca la frecuente amabilidad de sus pasajeros en Manizales. La tecnología le ayudó a conocer nuevas direcciones de la ciudad.

Han transcurrido 18 meses desde que Diana María Barreto Castañeda perdió a su hijo mayor, Juan Pablo, de 20 años. "Fue un quiebre de mi vida", manifiesta. Dejó de sentirse a gusto trabajando en el sector salud. Pausó su carrera como enfermera y buscó alternativas laborales.

Hoy Diana tiene 41 años. Con la ayuda de un conocido, desde hace 13 meses se convirtió en una taxista que se emociona al conocer nuevos rincones de Manizales, a la que madres le confían el transporte de sus hijos y a la que su nuevo oficio le sirve como terapia.

"Todos los días tomo fotos por los atardeceres, los amaneceres, dependiendo del turno. Manizales es hermosa. He conocido lugares y barrios que no sabía que existían (…). Me ha parecido que la gente en Manizales es chévere (…). Voy a muchos lugares, interactúo con otras personas, es un ambiente diferente. No es fácil a veces porque siguen los sentimientos por mi hijo, pero manejar taxi me ayuda porque me entretiene. He conocido mucha gente", se sincera.

Conducir un 'amarillo' es un regreso a su adolescencia, a sus "13 o 14 años". Cuando Diana tenía esa edad, su mamá compró un taxi e, inicialmente, trabajó con él. Luego le llegó el turno a Diana, quien recorrió sus primeros kilómetros al volante de otro taxi. Su pasión por los carros, dice, aumenta su kilometraje desde los 24 años.

Camino por andar

En la foto, Diana María Barreto junto a dos de sus compañeras de 'Taxia Púrpura'.

De vez en cuando, su primer servicio ronda su mente. En su primer día como taxista, relevó a un compañero a las 4:00 de la mañana. Diana inició el recorrido desde su casa, con nervios, porque aún no sabía encender el taxímetro: "Una señora me puso la mano y me dio susto parar. Ella me dijo que la llevara a Sánitas y se me borró todo el mapa de Manizales. No me acordaba de dónde quedaba nada. Ella me preguntaba: '¿Sabe para dónde vamos?'. La señora se bajó y otro señor me puso la mano, pero no fui capaz con tanto. Me fui a tomar aire".

14 meses después, ninguna esquina de Manizales está fuera de su alcance. La orientan su memoria, el GPS, sus colegas y pasajeros. "Todo debe ser muy rápido", advierte.

Una semana trabaja de día y otra, de noche, con cambios de turno entre las 2:00 y 3:00 de la mañana y entre las 2:00 y 3:00 de la tarde. Diana es una de las mujeres taxistas de 'Taxia Púrpura', un servicio que se lanzó el 25 de marzo del 2025 y ofrece un destino seguro para mujeres, niños y adultos mayores a través de la aplicación o los teléfonos de la empresa. El valor agregado lo resume ella: "Las personas dicen que se sienten seguras. A las chicas les gusta porque es una atención distinta".

"Estoy contenta siendo taxista. He aprendido mucho, es un mundo distinto a lo que estudié, pero me ha gustado. Más adelante me gustaría tener un taxi propio", proyecta.

Su mamá y una conductora que conoció la inspiraron en esa trayectoria. La referencia ahora es Diana, acostumbrada a recibir elogios por su labor. Ella sigue su camino costeando la universidad de su hijo menor, apoyando a su mamá con los gastos del hogar y convirtiendo su dolor en una nueva oportunidad.

 

 

Testigo del tiempo

Guillermo León Arias, taxista manizaleño, complementa experiencia y tecnología para llevar pasajeros a sus destinos.

"Ya no hay ninguna dirección que me quede grande, no existe", asevera Guillermo León Arias Díaz, quien ha vivido 43 de sus 70 años conduciendo taxi.

En 1983, el desempleo lo obligó a cambiar su vida: "Me quedé sin trabajo. En esos días mi padre quiso hacer una inversión y compró un carrito. Yo le dije: 'Papá, mientras yo consigo trabajo, me pongo a manejar el taxi'... Era para mí, pero yo no sabía que era mi profesión".

Cambió la empresa agrícola, donde llevaba inventarios, por el volante. El estudiante de Contaduría se convirtió en taxista.

Ayer y hoy

"Ya no hay ninguna dirección que me quede grande, no existe": Guillermo León Arias Díaz.

Guillermo cree que, con los años, los carros y los trancones han aumentado su presencia en Manizales: "En la calle 65, donde funciona la Facultad de Arquitectura de la Universidad de de Nacional, había una oficina de Tax La Feria. Eran dos bancas con dos teléfonos y un oficinista que contestaba. Los conductores parqueábamos los carros de manera diagonal, a un lado del andén de la Facultad. Quedaba solamente un carril y por ahí subían los carros, no estorbábamos".

Es un nostálgico de los vehículos antiguos, por ejemplo, añora el Fiat 125 en el que trabajaba. No se trata solo del recuerdo, sino de la calidad. Dice que los carros eran amplios, con motores grandes. En el presente, ve los autos como pequeños y menos resistentes.

¿Cómo construyó su mapa mental de Manizales? Con un "papelito" que le entregaban para cumplir con su servicio para ir "a donde fuera". Cuando inició su carrera, su principal zona de influencia era el oriente de la ciudad: Fátima, Palermo, Alta Suiza, La Sultana. A ese trabajo puerta a puerta le agradece el conocimiento de direcciones "complicadas" como las de La Estrella.

A la experiencia le suma tecnología: "Ahora con esas plataformas uno puede estar andando, le timbra la aplicación y uno enciende el Waze, que lo lleva a uno hasta el pasajero. El cambio fue monumental".

Lo único que no cambia de los taxis en Manizales, garantiza, es el trato a los pasajeros. Los estándares de su servicio son respeto, limpieza, privacidad, escucha y consejos que ofrece solo cuando se los piden.

Su aviso para conductores inexpertos o foráneos es que en Manizales "las calles siempre disminuyen de occidente a oriente y las carreras aumentan de norte a sur".

Guillermo mantiene una fibra de contador: calcula que completa 40 servicios al día, durante una jornada de 12 horas.

Su 'amarillo' es garantía de estabilidad económica. De sus 43 años de ires y venires le queda la satisfacción de haberles dado estudios a sus dos hijos en el Liceo Arquidiocesano de Nuesta Señora (LANS) y pagarles la educación universitaria, financiada con su esposa.

"Siempre me va bien. Nunca tengo que decir que un día no me quedó plata o que me tocó poner plata de mi bolsillo, jamás me ha pasado", agradece. Para Guillermo, su taxi es su destino.

 

 


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