Fotos | Luis Trejos | LA PATRIA
En la tarde de ayer (6 de marzo) el cuerpo de bomberos voluntarios despidió a Arnulfo García.
Fanático de los ritmos argentinos, le encantaba cantar y bailar tango. Así recuerdan sus hijos a Arnulfo García, un bombero que dedicó gran parte de su vida al servicio y que falleció a los 97 años el pasado miércoles (4 de marzo).
García ingresó al cuerpo de bomberos cuando tenía apenas 17 años. En ese entonces trabajaba en una fábrica de vinos en el barrio Chipre, donde tenía la costumbre de colgarse de las vigas del techo para desplazarse de un lugar a otro. Esa habilidad le valió un apodo que lo acompañaría toda su vida: “Tarzán”.
Su destreza llamó la atención durante una demostración de resistencia en unas pruebas que realizaban los bomberos. El comandante de la época quedó sorprendido con su capacidad física y lo motivó a formarse como bombero. Así comenzó su camino en el servicio, primero en el cuerpo oficial y posteriormente como bombero voluntario.
Un viaje para aprender
En la década de los años 50, Arnulfo decidió emprender una aventura poco común para la época: recorrer Sudamérica en una motocicleta Harley‑Davidson WLA, una moto utilizada durante la Segunda Guerra Mundial.
El objetivo del viaje no era solo la aventura. García quería conocer la tecnología y los métodos que utilizaban los bomberos en otros países para traer ese conocimiento a Colombia.
Durante su paso por Argentina también encontró otra inspiración. Le sorprendió ver mujeres conduciendo motocicletas, algo poco común en ese momento en Colombia. Motivado por esa idea, regresó al país y promovió la creación de un club de motos en el que las mujeres también pudieran participar, a pesar de los prejuicios sociales de la época.

Legado Familiar
Arnulfo García se casó con Lilia Correa Giraldo y juntos formaron una familia con tres hijos: Luz Inés García, Alejandro García y Pilar García.
Su vocación por el servicio también marcó la vida de sus hijos. Luz Inés recuerda que su padre la llevaba con frecuencia a la estación de bomberos.
“Todas las tardes, después de llegar del colegio, mi papá me llevaba para la estación de bomberos a enseñarme su labor. Fue así como le cogí gusto”, relata Luz Inés.
Durante un tiempo decidió seguir los pasos de su padre como voluntaria, aunque más adelante tomó otro camino profesional.
Alejandro García, su hijo, recuerda que desde pequeño su padre lo acercó al mundo de los bomberos.
“A los 6 años me empezó a involucrar. Me empezó a gustar por las historias que me contaba y por lo que le tocaba hacer ayudando a otras personas, apagando incendios y salvando familias”, cuenta.
Añade que siempre admiró de su padre la valentía y la persistencia que mantuvo incluso en la vejez.
“Él tenía una gran vocación para servir”.
Un líder en su barrio
Arnulfo también dejó huella en su comunidad. En el barrio El Bosque, al ver que los feligreses celebraban la misa a la intemperie, motivó al párroco y a los vecinos a impulsar la construcción de un templo.
Junto a un grupo de amigos lideró la iniciativa que años después daría origen a la iglesia San Juan Bautista, hoy un punto de encuentro para la comunidad.
Con su fallecimiento, familiares, amigos y compañeros recuerdan a Arnulfo García no solo como un bombero, sino como un hombre inquieto, aventurero y comprometido con su comunidad, cuyo apodo de “Tarzán” quedó grabado en la memoria de quienes lo conocieron.
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