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Con 28 y 71 años, dos empresarios de Manizales cuentan su experiencia, sus sueños y recomendaciones. Resaltan el ecosistema robusto del sector en la ciudad.
Carolina Gallo y Germán Olarte caminan por las mismas calles, pero vienen de tiempos distintos. Los dos son empresarios en Manizales y hablan de la ciudad como si fuera una plataforma: una que impulsa, acompaña y también exige.
Ella, con 28 años, habla rápido, con entusiasmo y con una convicción que se ha ido formando en el camino. “Siempre he sido una persona muy curiosa, amante a los viajes, al emprendimiento, también me gusta mucho la academia”, dice. Es ingeniera ambiental y tiene una maestría en Gestión para el Desarrollo Sustentable. Su empresa, Beeco, nació en pandemia, casi como una respuesta personal a la incertidumbre.
Él, con 71 años, habla pausado y analiza cada palabra. Es economista y magíster en Administración de Plantas Industriales, fue empleado durante 18 años en Philips y desde la década de 1990 lidera el Grupo Siteco. Cuando recuerda sus inicios, lo resume así: “Todo parte de un sueño… pero uno no se puede quedar solo como soñador, hay que ser ejecutor, esa es la clave del éxito”.

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Siteco es el acrónimo de Servicios Industriales, Técnicos y Componentes. La empresa tiene una trayectoria de 34 años.
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La casa y la fábrica
El punto de partida de Carolina fue su casa, no una junta directiva ni un plan de inversión. Cuando recién se había graduado de la universidad, llegó la pandemia y, en el confinamiento, empezó a compostar residuos orgánicos. Pronto entendió que el sistema casero no era suficiente. “Me di cuenta de que la cantidad que se generaba en un hogar no daba para un baldecito”, relata.
Llevó esos residuos a la finca de sus abuelos y allí vio una posibilidad mayor: conectar ciudad y campo. En el 2021 se presentó a un curso-concurso de la Alcaldía de Manizales con una idea que ni siquiera tenía nombre. Ganó el primer puesto. Con ese impulso creó marca, compró insumos y comenzó a ofrecer recolección puerta a puerta.
“Empecé con hogares, los primeros clientes llegaron por Instagram (…) y de repente recibí un correo de la Escuela de Carabineros que decía que si les podíamos mandar una propuesta para compostar”, recuerda. No tenía aún RUT ni estaba inscrita ante la Cámara de Comercio. Legalizó la empresa para poder firmar. “Así me convertí en la representante legal de Beeco desde los 23 años”, dice con una mezcla de orgullo y sorpresa.
Hoy Beeco trabaja con 185 hogares y 55 empresas en Dosquebradas (Risaralda), Chinchiná, Villamaría y Manizales. El año pasado logró compostar 415 toneladas de residuos orgánicos y ahora genera 10 empleos. Pero Carolina no romantiza el proceso. “Todo suena muy lindo, pero en la práctica es un aprendizaje constante, porque somos pioneros en el sector y no tenemos un punto claro de referencia”, afirma.
El origen de Germán fue distinto. No nació en la urgencia, sino en la observación. Desde su experiencia en Philips entendió que varias empresas de la región podían reducir costos si subcontrataban ciertos procesos. Así nació Siteco hace más de tres décadas.
“Hicimos un estudio y pudimos hacerles ofertas a mejores costos. Ellos se beneficiaban porque no tenían que traer componentes de otras partes”, explica. Empezó con cinco personas. Hoy, tres décadas después, entre las empresas del grupo (Siteco, Formapol y Colplás), se superan los 450 empleados.

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El nombre de Beeco surge de la unión de las palabras en inglés 'be eco', “sé ecológico”.
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Sueños y advertencias
Cuando hablan del futuro, el contraste generacional se nota. Carolina imagina un mundo donde el compostaje sea parte natural de la vida doméstica. “En 40 años el compostaje ya no va a seguir siendo una alternativa… tal vez tengamos máquinas en casa, en las que uno deseche los residuos y se genere el abono inmediatamente”, proyecta.
Ella cree que la separación será obligatoria y que la cultura ambiental será más fuerte. También sueña con que el servicio sea accesible para más familias, no solo para quienes pueden pagar una suscripción. Cuando habla de los empresarios que la precedieron, reconoce un valor que elogia: “Esa sed del mundo, la curiosidad por hacer cosas nuevas, por aportar al crecimiento de la ciudad… eso es admirable”.
Germán, en cambio, enfoca su mensaje en la disciplina. A los jóvenes les dice: “Lo primero es que analicen muy bien qué ideas de negocio tienen… que pregunten mucho cómo ven esos productos y qué proyección pueden tener”. Insiste en cubrir gastos fijos con mercado interno y no perder de vista la exportación.
Y deja una advertencia clara: “Toca trabajar mucho. Cuando me independicé casi que trabajaba el doble. Eso no es por horitas ni por raticos”. También subraya la importancia de la ética. “Lo más valioso que tiene una persona o una empresa es qué tan cumplido y qué tan honesto es”, afirma. Para él, esa reputación es la que abre puertas y sostiene el crecimiento.

Carolina Gallo Cardona creó Beeco cuando apenas había terminado sus estudios universitarios y ya suma cinco años de experiencia.
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Dos tiempos, una misma raíz
Mientras Carolina pertenece a una generación que tiene internet, redes sociales y múltiples programas de apoyo, Germán empezó en una época en la que “era uno solo” y la información no estaba al alcance de un clic. Ella habla de lanzarse sin esperar la perfección y él lo hace de soñar con los pies en la tierra y no arriesgar el patrimonio sin medir.
Sin embargo, los dos comparten una misma raíz: la convicción de que crear empresa en Manizales es posible si hay disciplina, curiosidad y perseverancia.
Carolina transforma residuos en abono y representa el impulso joven que nace en medio de la transición ambiental. Germán transforma procesos industriales, crea empleo y encarna la experiencia que entiende los ciclos del mercado. Son dos generaciones de una ciudad que sigue siendo terreno fértil para quienes deciden hacer y no solo soñar.

Germán Olarte Osorio es el presidente del Grupo Siteco, que integra a varias empresas de Manizales.
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Manizales como impulso
Carolina habla de la ciudad como un ecosistema que la ha “cobijado”. Menciona acompañamiento de universidades, la Cámara de Comercio, programas de la Alcaldía y espacios de innovación. “Emprender en Manizales es un privilegio comparado a muchas otras ciudades de Latinoamérica, y eso está sustentado con los reconocimientos que ha obtenido la ciudad”, sostiene. Dice que ha repetido programas de formación porque, aunque domina lo ambiental y lo técnico, necesitaba aprender de contabilidad, contratos y liderazgo.
Para ella, la ciudad le ha permitido tomar decisiones informadas. “Pienso que hay muchas personas en pro de apoyar esos emprendimientos que surgen y uno puede encontrar una mano amiga”, agrega.
Germán también defiende a Manizales, pero desde otro ángulo. “Manizales ha sido una ciudad que se ha distinguido por ser muy industrial”, afirma. Destaca su ubicación estratégica y su historia empresarial. Expone que, habiendo analizado el panorama, era conveniente no llevarse su negocio para Bogotá o Medellín: “Aquí había un mercado que había que abastecer y nos funcionó”, dice.
Ambos coinciden en que la ciudad no hace el trabajo por nadie, pero sí les abre caminos a todos.
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