Fotos | Luis Trejos | LA PATRIA Érika María Rivera Correa y Eugenia Ramírez, integrantes del Cuerpo Oficial de Bomberos de Manizales, luciendo el traje para atender incendios en la ciudad.
Una ya cumplió la edad de jubilación. La otra comienza, está vinculada desde hace 11 meses. La primera llegó por accidente, la segunda cumple un sueño. Ambas hacen parte del grupo de 15 mujeres que integran el Cuerpo Oficial de Bomberos de Manizales y están orgullosas de también hacer carrera en esta profesión dominada por hombres en 100 años de historia.
Todo vale la pena
A la hora de cubrir una emergencia a Érika María Rivera Correa, 31 años, no le importa cargar con los 30 kilos que pesa su uniforme sumándole el equipo de respiración. La adrenalina activa todos sus sentidos para auxiliar a las personas ante un incendio. Es tecnóloga en atención prehospitalaria y ejerció como tripulante de ambulancia varios años en Bomberos Voluntarios de Chinchiná.
Asimismo, trabajó en Bomberos Voluntarios de Manizales como paramédico. Su especialidad siempre fueron las ambulancias hasta ahora que es línea de fuego y tripula máquinas de incendio.
Llegó proveniente de Chinchiná y desde hace dos años y medio se radicó en Manizales con su esposo que también es bombero y su hija.
"Concursamos ante la Comisión Nacional de Servicio Civil y fuimos 51 personas las que ganamos el concurso, fue un trayecto de dos años aproximadamente donde había que cumplir requisitos, exámenes, pruebas físicas y fuimos 21 los que pasamos a este Cuerpo de Bomberos", dijo.
Agregó que le gusta servirle a las personas, ayudarlas y que quería salirse de su zona de confort que siempre fueron las ambulancias.
"Quería comprobar que era capaz de ponerme un equipo de incendio, un arnés y hacer un un descenso con un equipo de cuerdas. Tengo compañeros buenos, me siento segura con ellos, nos capacitamos, entrenamos. A nosotras muchas veces nos toman como el género débil, la que no va ser capaz con un equipo de 30 kilos y demostrar esa fortaleza, berraquera y pasión que tenemos, es rico".
Para ella el sonido de la sirena, el vehículo de incendio o de rescate, estar con sus compañeros equipándose, llegar al sitio para hacer lo que le enseñaron y terminar con frases como: "muchas gracias, mil bendiciones, que hubiéramos hecho sin ustedes, es satisfactorio y gratificante".
El incendio más grande lo cubrió en Mateguadua y el desgaste mental y físico en un cubrimiento de este tipo siempre está acompañado desde la entidad, pues tienen dos psicólogas del equipo de gestión de riesgo que llegan a donde esté la emergencia no solo a brindar primeros auxilios a la comunidad, sino también a ellas.
El hacer parte del grupo de mujeres bomberas es una ilusión porque las reconocen. "Es bonito porque así como hace años el área militar solo era de hombres, así mismo pasaba con bomberos y ahora ver que la entidad nos vincula, nos tiene en cuenta, que no somos las de un trabajo de escritorio, sino oficiales. Es un orgullo grande decirle a la comunidad: 'soy bombero'".
Añadió que su mamá está orgullosa de ella al igual que su papá y su hija. "Sus compañeros cuando me ven llegar uniformada al colegio le preguntan: '¿Tu mamá es bombero?, ¿apaga incendios? Y ella responde, sí. Este es un sueño por el cual luché, trasnoché, estudié e hice muchos sacrificios con mi familia y sigue ese proceso de entrenar, de capacitarme. Es un sueño cumplido y ese sueño cómo se logra, intentándolo. Muchos dicen, 'qué pena que me vean despeinada, sudada, olorosa', pero qué rico estar ahí, es bonito, hay que esforzarse, todo vale la pena y dar ese primer paso sí que lo vale".
Siempre lista al llamado
Eugenia Ramírez, de 57 años, llegó al Cuerpo de Bomberos de Manizales por azares de la vida. Se desempeñaba como guarda de tránsito y cuando la retiraron de su cargo pidió reintegro obteniendo como respuesta que la única vacancia era en el Cuerpo Oficial de Bomberos de Manizales y desde hace 18 años las emergencias han sido parte de su vida.
"Nunca había pedido trabajo en bomberos y me dije: 'para allá nos vamos'. A tres mujeres, incluyéndome nos reintegraron por ser madres cabezas de hogar. Al llegar nos dieron capacitación y tripulamos todas las máquinas con los compañeros. Trabajamos en la ambulancia, en el carrotanque, en la máquina de incendio, en la de rescate, en todo", manifestó Eugenia.
Recordó que la emergencia que más la ha marcado ha sido una en el barrio Sierra Morena en la que resultaron quemaron dos menores y una mujer.
"Estaba recién ingresada y fue muy duro ver los cuerpos así. Nos dio mucha tristeza. El otro fue el del barrio Cervantes que también fue desgarrador. Sin embargo, allá estuvimos apoyando, trabajando hasta lo que más pudimos", anotó.
Agregó que lo que más le gusta de ejercer esta profesión es compartir la misma pasión con sus compañeros por lo que hace.
"Cuando estaba tripulando la máquina de incendio fue muy bueno, estar allá activa, esa adrenalina que se siente, el solo hecho de estar en una emergencia en la que uno puede ayudar, salvar vidas, proteger a la gente, eso le da a uno muchos motivos para luchar por la ciudadanía".
Según Eugenia, para su familia los trabajos que ha desempeñado han sido difíciles porque con el primero debía abordar a la gente y en algunos casos salía insultada. Siendo bombera no ha recibido malos tratos de la comunidad, por el contrario, le agradecen lo que hace, pero igual hay riesgo porque no se sabe a lo que se enfrentará y mucho menos si volverá pronto a la casa. "Desde que salgo mi familia se pone en oración. El que obra bien le va bien en la vida", expresó.
Está próxima a pensionarse, pero eso no le preocupa. Para ella llegar a esta fase de su vida laboral es un logro.
"Mientras usted se mueva y todavía le nazca de corazón, uno tiene las ganas de luchar y de servir a la comunidad, eso nunca se va, así no sea ya bombero. Eso siempre estará conmigo. Ya luché lo que tenía que luchar, pero todavía sigue uno amañado. Antes eran menos mujeres ahora somos 15 demostrando que tenemos coraje, que esto no tiene género, que también podemos luchar y si es en compañía de nuestros compañeros mejor".
Añadió que el Cuerpo Oficial de Bomberos de Manizales es su segunda casa a la cual siempre acudirá cuando el llamado lo requiera. "Tenemos valentía, somos guerreras y a la hora de trabajar en esta profesión tampoco nos quedamos atrás", concluyó.