El Banco de Alimentos de Manizales recibe, clasifica y redistribuye. En ese tránsito, la responsabilidad social empresarial deja de ser discurso y toma forma de proceso. El movimiento empieza antes de que llegue el camión. Un equipo revisa ofertas, cruza listados y programa rutas.
En el punto de acopio, la trazabilidad ordena la jornada: fecha, lote, estado, destino. Luego, la cadena interna separa, almacena y despacha hacia cerca de 40 organizaciones. “Somos intermediarios entre el que tiene y el que necesita una mano amiga”, dice Álvaro Gutiérrez Castaño, subdirector. El criterio es simple: nada apto se pierde.
La estructura combina ingeniería de alimentos y trabajo social. El control sanitario define qué entra y en qué condiciones sale. La red territorial define a quién llega. “Lo mío ha sido comprender lo que hace el Banco, fortalecer, promover y animar todos los procesos”, señala el padre Edwin Andrés Prías, director. El resultado es un flujo continuo y asegura el destino para parroquias, fundaciones y comunidades que necesitan este apoyo.

Foto | Freddy Arango | LA PATRIA
El sacerdote Edwin Andrés Prías, director del Banco de Alimentos y Delegado de la Pastoral Caritativa y Social de la Arquidiócesis de Manizales.
Donar también es gestión
El vínculo con empresas se activa por dos vías. La primera nace en la compañía: áreas de logística o calidad identifican excedentes, cercanía a vencimiento, cambios de empaque o referencias sin rotación. La segunda parte del Banco: prospección, visitas y acuerdos para recoger producto en planta, bodega o punto de venta. El esquema evita que la decisión quede en un gesto aislado.
El portafolio admite leche, granos, procesados, frutas, aseo y otros bienes aptos. Cada entrega exige soporte: factura o carta a costo, lote, fecha y condiciones. Con ese respaldo se emite certificado de donación. El Banco asume recolección, clasificación y distribución. La empresa descarga inventario, libera espacio y asegura uso social del producto.
Responsabilidad social que se mide en flujo
En la práctica, la responsabilidad social empresarial aparece como disciplina operativa. Reduce desperdicio, optimiza inventario y conecta con comunidades. La trazabilidad permite seguimiento; el convenio fija frecuencia y volumen; el certificado ordena el beneficio fiscal. No hay margen para improvisación.
El incentivo existe y es claro. La donación de alimentos y aseo permite descuento del 37% en renta líquida, de acuerdo con el artículo 257 del Estatuto Tributario. La donación en dinero permite el 25%. El transporte también accede al 37% según la reglamentación de la Ley 2380. Los alimentos donados a bancos de alimentos cuentan con exención de IVA, conforme al numeral 9 del artículo 424. Para bebidas azucaradas y ultraprocesados, la donación a bancos inscritos excluye el impuesto saludable, según la Ley 2277 de 2022. El beneficio aplica cuando el producto se entrega a bancos de alimentos reconocidos y con certificación.

Más allá del despacho, las empresas como parte del circuito
El circuito no termina en la entrega. Programas con empresas y colegios amplían el alcance. Alimenta Compartiendo canaliza leche hacia instituciones educativas; Desayunos Saludables articula nutrición y acompañamiento familiar. La operación incluye respuesta a emergencias y un bazar con aporte voluntario que acerca producto a bajo costo.
El discurso religioso aparece como marco, pero la ejecución se sostiene en método. “Esto no parte de la lástima, sino de la caridad bien organizada, con evangelización y seguimiento”, afirma el padre Prías. En esa definición, la empresa encuentra un rol concreto: aportar producto, asegurar documentación y mantener periodicidad.
El primer contacto fija condiciones: tipo de producto, volúmenes y frecuencia. Luego se define logística: recolección en planta o entrega en bodega del Banco. El área de calidad valida aptitud para consumo. El área administrativa tramita certificado. La red social recibe y distribuye. El ciclo se repite.
Para la compañía, la ecuación combina tres variables: gestión de inventario, cumplimiento normativo y reputación. Para el Banco, el reto es sostener flujo y ampliar cobertura. Para la ciudad, el resultado es menos pérdida y más acceso.

Rutas de vinculación empresarial
Entrega de excedentes de producción con soporte de lote y fecha.
Donación de productos próximos a vencimiento con validación sanitaria.
Salida de inventarios con cambio de empaque o etiqueta.
Convenios de recolección programada en planta o punto de venta.
Aportes en transporte para movilizar carga hacia el Banco.
Donación en dinero para fortalecer operación y cobertura.
Beneficios tributarios aplicables
Descuento del 37% en renta líquida para alimentos y aseo
Descuento del 37% para donación de transporte
Descuento del 25% para donaciones en dinero.
Exención de IVA en alimentos donados a bancos de alimentos.
Exclusión del impuesto saludable en donaciones a bancos inscritos.
Certificado de donación como soporte obligatorio del beneficio.
Claves operativas del Banco de Alimentos
Trazabilidad por lote, fecha y destino.
Clasificación técnica con criterios de inocuidad.
Red de fundaciones y parroquias para distribución.
Programas con empresas y colegios para nutrición.
Respuesta a emergencias con logística de acopio y entrega.
Bazar solidario con aporte voluntario para acceso a bajo costo.

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