Defensa ligera
Señor director:

Es doloroso ver los argumentos con que los miembros de la coalición de gobierno en el Congreso pretenden defender la gestión de la ministra de Minas, Irene Vélez, en la sesión que busca castigarla con una moción de censura.
Lo más profundo que han alegado es que a Vélez la critican porque anda en tenis y porque es mujer. ¡Por favor! Qué falta de rigor para un tema tan complejo y que le ha costado tanto al país por cuenta de las declaraciones de una ministra que le faltan preparación, pergaminos y sentido común para estar al frente de la cartera que más recursos le genera, indirectamente, al fisco nacional.
La pérdida de valor de Ecopetrol, que pertenece en un 80% a la nación y el 20% restante, en gran parte a los ahorros de los trabajadores colombianos a través de los fondos de pensión, es más que suficiente para sacar a esa señora del cargo, así esté recibiendo instrucciones presidenciales para decir disparates.
Estamos ante un problema serio, y produce urticaria que a la señora ministra la defiendan solo porque es mujer y anda en tenis.
 Jorge Londoño


El príncipe de la cultura en Colombia
 Señor director:

“El príncipe de la Cultura en Colombia” -Carlos Arboleda González- nacido en zona campesina de la “Colina del Viento” -el 24 de diciembre 1953-, irriga bienestar en: Eje Cafetero, 32 departamentos colombianos; en América y Europa, como Presidente Vitalicio de la Escuela de la Felicidad.
Recorre a Colombia, América y Europa, proyectando una imagen positiva del Eje Cafetero, impartiendo talleres -desde el 2018, hasta la fecha- con la frase: “Al mundo lo que le hace falta para ser feliz, es: paz, amor y humor”.
Es convincente y realista al expresar que “el ser humano está compuesto de tres elementos: la mente, el cuerpo y el espíritu. ¿Cómo se alimentan esas tres entidades?
El cuerpo: comida, salud y deporte. Muere el cuerpo y se acaba la vida automáticamente.
¿Cómo se alimenta la mente? -con sueños, proyectos e ideas. Cuando acaba la vida, desaparece esa mente.
 Y… las religiones principales, sostienen que la única entidad que trasciende es el espíritu. ¿Cómo se alimenta ese espíritu? -primero, con la oración para los creyentes; segundo, con el amor; por eso, cuando uno está enamorado: flota, es más tolerante, ve la vida más color rosa.
¿Cómo se nutre el espíritu? -disfrutando una obra humanitaria, una buena exposición; leyendo un buen libro; viendo una buena película, una buena obra de teatro; escuchando un gran concierto de música clásica. Eso, agranda el espíritu”.
“El príncipe de la Cultura en Colombia”, Carlos Arboleda González, ciudadano del Eje Cafetero, presidente de la Escuela de la Felicidad, remata alegremente sus conferencias, abrazando, bailando y cantando (en español, en inglés, en francés e italiano) sus dos temas preferidos, para demostrar que es el hombre más feliz del Eje Cafetero: “Yo tengo un millón de amigos…” del cantautor brasileño Roberto Carlos Braga Moreira. Y… “… La felicidad, ja, ja, ja, ja, / de sentir amor, jo, jo, jo, jor,  / hoy me hacen cantar, ja, ja, ja, jar, / a mi corazón, jo, jo, jo, jon,. / La felicidad, ja, ja, ja, ja…”.
Se despide dando gracias a Dios que le ha regalado amor y servicio.
Carlos Alberto Arboleda González fue director (durante 10 años) del Instituto de Cultura de Caldas. Secretario de Cultura de Caldas (5 años). Está felizmente jubilado. Figura entre los más destacados musicólogos de Colombia.
Rubén Darío Franco Narváez

Se refugió en la escuela
Señor director:

El hogar de Michael es un campo de batalla. Los permanentes conflictos familiares son atizados por la pobreza, las drogas y el hambre. Su madre, víctima de esa violencia, solo tiene cerebro para entender su viacrucis, y sus hermanas han sido presa fácil de los proxenetas. Michael, hijo de esta familia disfuncional y huérfano de padres vivos, tiene la soledad, la angustia y la desesperanza como permanentes compañías. Su depresión, su tristeza y su odio los heredó de su hogar, y hoy es un sobreviviente de un lugar donde el conflicto, la violencia, y el desamor lo vieron crecer.
Siendo un habitante de la calle, por accidente, Michael llegó a la escuela en busca de afecto. Allí lo encontró y entonces se enamoró. Pero su estadía fue traumática desde que pisó por primera vez el aula. El inicio del año escolar se vio marcado por sus reiteradas ausencias, su apatía académica y su irreverencia e irrespeto hacia las autoridades. Sus desacertados comportamientos obligaban a la institución, con frecuencia, a enviarlo de regreso a su casa que, en realidad, era la calle. La vida para él se hacía más difícil por su dependencia de las drogas, los conflictos psiquiátricos y los reiterados episodios de suicidio que dejaban en sus brazos una huella imborrable.
Su silla en el aula estaba arrinconada, y cuando Michael la ocupaba, se hacía acompañar de su cómplice amigo digital, para aparentar mitigar su tristeza y “olvidar” sus penas. Siempre que se ausentaba, su mejor amigo, este sí real, también huésped de la escuela, lo rescataba de las calles, donde estaba delinquiendo y perdido en las drogas.
Como parte esencial del acto pedagógico, el discurso reflexivo y formativo del maestro estuvo centrado en él. Su persistencia tocó el corazón del adolescente y, aunque lentos, los resultados llegaron. Ahora el joven con una sonrisa en su rostro y, vestido de estudiante, respeta y ama su vida, renunció a la calle y a sus vicios, retornó al seno del hogar y a la escuela, salió de su escondite en el aula, levantó la cabeza para interactuar con sus compañeros, se inquieta por la clase con atención y respeto por el maestro, reconoce sus errores y se apresta para hacer realidad su compromiso de ir en búsqueda de su felicidad y la de los suyos.
Orlando Salgado Ramírez

Protestan por carteles con extranjeros
Señor director:

Nosotros, la Unión de Toreros de Colombia “Undetoc”, Sección Matadores de Toros y Novillos organización gremial de primer grado, identificada con NIT 860.026.529-7, con personería Jurídica mediante Resolución Nro.0112 del 23 de enero de 1956 expedida por el Ministerio del Trabajo de la República de Colombia, nos permitimos manifestar nuestro rotundo rechazo y voz de protesta frente a la forma como los encargados de organizar las ferias taurinas de las ciudades de Cali y Manizales, con la conformación de sus carteles anunciados para diciembre de 2022 y enero de 2023, aniquilan y mancillan al torero colombiano, anunciando una corrida de toros en Cañaveralejo con tres toreros extranjeros, y en el mismo sentido en la ciudad de Manizales una corrida con un torero en solitario (Sebastián Castella, de Francia) con seis toros el día 7 de enero de 2023, y al día siguiente un mano a mano con dos toreros extranjeros (El Juli de España y Andrés Roca Rey del Perú).
Si bien es cierto, la empresa gestora de la Feria Taurina de Manizales lleva a cabo una miniferia con toreros nacionales todos los años en el mes de octubre dentro de la celebración del cumpleaños de la ciudad de Manizales, y por su parte el empresario de la ciudad de Cali en esta temporada 2022 anuncia una corrida de toros con seis toreros colombianos en la Plaza Cañaveralejo, nunca podrán resarcir el agravio que para el torero colombiano implica que se lleven a cabo corridas de toros sin presencia en el cartel de al menos un diestro nacional.
Y es que no se entiende cómo es posible que entre todos los gremios taurinos (ganaderos, toreros, empresarios, periodistas, aficionados, entre otros), venimos librando enconadamente de manera unida batallas en defensa de nuestras expresiones y manifestaciones culturales frente a la constante arremetida de la moda antitaurina en nuestro país, pero al momento de conformar los carteles se nos ignore de los días más llamativos y de mayor interés para el aficionado dentro de la programación taurina, ignorando igualmente conquistas de años atrás en donde por ningún motivo era permitido que ocurriera tal vejamen. ¡Es reprochable e inconcebible!
Es más, si es que quisieran invocar ausencia de regulación legal al respecto, mucho menos daría lugar a tal argumento, toda vez que aunque la costumbre no es ley como tal, si puede llegar a serlo, y en el mismo sentido se debería dar aplicación a principios de analogía jurídica cuando brilla por su ausencia norma legal alguna en determinados temas como aquí se presenta, en donde dicha analogía debe aplicarse de la mano de la legislación nacional proteccionista de los artistas colombianos, los cuales siempre tendrán presencia en todo tipo de espectáculos cuando se anuncia un afamado y reconocido artista extranjero en los escenarios colombianos.
Todo esto sin pasar eso sí por alto lo categóricamente ordenado por la Ley 397 de 1997 que desarrolla los artículos 70, 71 y 72 y demás artículos concordantes de nuestra Carta Magna. Por si acaso, les recuerdo que el artículo 1 de la Ley Taurina Nacional (L-916 de 2004) tiene a “los espectáculos taurinos como una expresión artística del ser humano”. O es que acaso, ¿para defender nuestras manifestaciones artísticas y culturales si somos un sindicato gremial de toreros a tener en cuenta, pero no lo somos para conformar los carteles más atrayentes de la agenda taurina colombiana?
Ahora bien, ¿Esta es la fiesta brava que queremos y defendemos, maltratando y ninguneando a los toreros colombianos?
Guillermo Perlaruiz

Muerte en el vaticano
Señor director: 

A los 9 meses de la inesperada muerte del Papa Juan Pablo I (Albino Luciani), quien duró en su pontificado 33 días, se publica en junio de 1979 la novela “muerte en el vaticano”, escrita por Maurice Serral y Max Savigny en la que se mezclan lo imaginario y lo real.  Es elegido Papa Juan Clemente I quien apenas en 2 meses de su pontificado ha mostrado su opción por un socialismo muy cercano al marxismo.  Ha abolido en el vaticano todo lo ceremonial y tradicional, cualquier signo de ostentación y riqueza, y se ha mostrado muy amigo de los oprimidos. Por esto, los poderosos de Europa, políticos, militares, empresarios se han confabulado para asesinarlo en las calles de Roma, durante un desfile. Todo está bien planeado para que por 1ª vez un Papa sea muerto públicamente en medio de la multitud. Llega la hora esperada, marcada en los relojes públicos y privados, sin que el Papa haga su aparición. Una hora después, se sabe la razón de su ausencia en las calles de Roma. El Papa amaneció muerto en su habitación. El hermano Ettore fue a su cuarto a llevarle un café mañanero pero el Papa no respondía a sus llamados, hasta que abriendo la puerta lo encontró muerto en su cama, con un manuscrito, parte en el suelo, que era objeto de su lectura. El hermano Ettore recuerda más tarde que en horas de la noche anterior, cuando le llevaba sus medicinas, el Padre Martello se ofreció a llevarlas , puesto que le iba a entregar al papa un manuscrito suyo para su lectura. El Hermano Ettore a regañadientes le permitió al sacerdote hacer esta diligencia. Ciertamente el Papa, en días anteriores, le había pedido a su antiguo alumno del seminario, quien ahora estaba en la biblioteca vaticana, le permitiera leer su libro en el que narraba los principales hitos de su vida religiosa. Al leerlo, el Papa comenzó a desconocer al Padre Bruno Martello, su alumno, su compañero en Verona cuando era obispo y luego cardenal, ahora su compañero de trabajo en la santa sede. Al final del escrito, Bruno Martello se extrañaba del socialismo del Santo Padre, de sus reformas en la curia, de su compromiso con los más pobres y necesitados. Martello contaba que había recibido una iluminación divina para que sacrificara a su maestro y benefactor, evitando así que la Iglesia perdiera sus tradiciones más firmes e históricas. Y decía que ya había cumplido esta misión, usando un veneno que acompañaba sus medicinas. El Papa al leer esto, sintió terror y su agonía apareció momentos después, cuando trató de buscar ayuda y se desplomó en su cama. Martello entró llorando a despedir a su amigo y benefactor, y cuando se inclinó para besar su frente, recuperó el manuscrito ante el secretario privado y el médico. Esta novela motivó la investigación del británico David Yallop, experto en crímenes no resueltos, quien publicó en 1983 el libro “en nombre de Dios” en el que atribuye el crimen del Papa Juan Pablo I a una logia masónica existente dentro del vaticano que no estaba de acuerdo con las reformas propuestas por el nuevo Papa.
Alirio De Los Ríos Flórez.

El veranillo de San Martín
 Señor director:

 Quizás más antiguo que lo del “verano de los Martines” (mayúscula, sin tilde y con ese), del 3 (el santo de Porres) al 11 (el santo de Tours) de noviembre, es el veranillo de San Martín. Consiste en tres días bonitos después del 11. 
 Esta segunda tradición  la dio a conocer el padre Cosme Cañas Carvajal cuando enseñaba en el Seminario Mayor arquidiocesano, a fines del siglo pasado. 
El padre Cosme era cultísimo, todo un erudito, sabía Gramática, Literatura, Historia, Música, Filosofía, Sagrada Escritura, etc. Y era hombre de finísimo humor, él mismo celebraba sus propias ocurrencias. Nació en San Vicente, Antioquia, pero siempre perteneció a nuestro clero; fue párroco de San Félix, de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Aguadas, donde levantó la iglesia conocida como La Vana (vena, nacimiento de agua); también de Pensilvania, cuya iglesia se derrumbó por un terremoto (¿el del 62?), y que el padre sustituyó por la belleza de iglesia que es la actual. El padre Cosme Damián -su nombre completo- fue capellán del Instituto de Educación Media Diversificada (INEM) “Baldomero Sanín Cano” de Manizales, durante varios años. Terminó sus días como predicador de la Catedral, excelente por cierto. Dios lo haya coronado de gloria.
 Pues bien, volviendo al veranillo de San Martín, eso fue lo que acabamos de gozar en la ciudad y probablemente en la mayor parte de la región andina colombiana, pues la endiablada Niña pasó por agua el período del 3 al 11, el verano de los Martines. Lo que tuvimos en este año de gracia 2022 fue un veranillo: días esplendorosos, espectaculares, el domingo 13, el lunes 14 y el martes 15.
 Y hasta aquí nos trajo el río, el de la ola invernal.
 Atentamente,
Don Cecilio Rojas

El tiempo
 El día octavo del mes de las ánimas del año de gracia 2022 el Espíritu Santo invadió “los vacíos aposentos de mi cabeza” (palabras ofensivas que un ganapán le espetó a don Quijote), mis entendederas, en esta ciudad calificada por sus habitantes como el mejor vividero del mundo. La Paloma celestial me alumbró el caletre y me activó la memoria cuando vi en un “almacén agáchese” la desmirriada réplica del almanaque Pielroja, con las hojitas diarias desprendibles, mas no con el nombre del santo de la fecha. Un calendario, un medidor y señalador del tiempo.
 No me refiero al importante diario bogotano ni al clima o tiempo atmosférico sino al que Aristóteles definió como “la medida del movimiento según el antes y el después”. Valiente gracia, pues de lo que se trata es de comprender, precisamente, el antes y el después. Con esta definición dada por el Estagirita nos quedamos viendo un chispero, quedamos mirando p´al páramo. El preceptor de Alejandro Magno incurrió ahí en una petitio principii, una petición de principio, descubrió el agua tibia.
 Empecemos por el sabio Qohélet, el viejo Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz” (capítulo III, versos 1-8, traducción del hebreo dirigida por Luis Alonso-Schökel, S.J., Nueva Biblia Española).
 Sigamos con Publius Vergilius Maro, Publio Virgilio Marón, el divino y latino Virgilio, en esa obra inmensa y sublime, Las Geórgicas. En la parte del extensísimo poema que el autor dedica a la cría y a la utilización de los caballos, hay un verso famoso: Fugit irreparabile tempus, huye irreparablemente el tiempo, el tiempo pasa y no podemos recuperarlo.
 Sigamos con el doctor de la Iglesia san Agustín, obispo de Hipona (la antigua Hippo Regius, en el norte de África), un genio intelectual. Escribe, en las Confesiones, me parece, lo siguiente (cito de memoria, nada más): Si no me lo preguntan, tengo idea clara de lo que es el tiempo; pero si me lo preguntan, no soy capaz de explicarlo.
 Continuemos con el Manco de Lepanto, don Miguel de Cervantes Saavedra. En la mansión del duque, este personaje, o don Quijote -no recuerdo cuál de ellos y no pude encontrar “el capítulo que vos hallaredes que se escribe”- (como anota don Miguel de Una- Mano en el prólogo), uno de los dos cita un mote que circulaba en España y que dice así, con inspirado acento: “ Si mi fue tornase a es, / sin esperar más, será, / o viniese el tiempo ya / de lo que será después”. No es un galimatías, es la expresión más lograda del vínculo entre el ser y el tiempo, un prodigio monumental de filosofía. En efecto, las inflexiones del verbo ser atraviesan el tiempo: pasado (“fue”), presente (“es”), futuro (“será”);  el ser se despliega a lo largo del tiempo, y el tiempo se constituye sobre el ser.
 Siglos más tarde, en el XX, el filósofo existencialista alemán Martin Heidegger publicó su libro más leído, estudiado y comentado, Sein und Zeit, Ser y tiempo. Todo un volumen para examinar esa relación, que la sabiduría popular española y la de Cervantes condensaron en una estrofita.
 Todavía en el siglo XX, mi abuela materna y un inolvidable párroco de Salamina me enseñaron el valor del tiempo. Pero no olvido lo que me dijo un día mi papá. Él era estudiante de bachillerato en el Colegio de Cristo, el de los Hermanos Maristas, en Manizales. El profesor de Filosofía era el padre López Grajales, quien enseñaba a los estudiantes lo que es el tiempo. Decía mi papá que el padre de tal modo hablaba, gesticulaba y agitaba sus manos, que en todos los alumnos quedaba grabada con claridad la noción del tiempo.
 Bueno, después de esta interrupción, citemos a la “Ita”, mi abuela. Varias veces nos recitó, a mi hermano Arturo y a mí, cuando la afanábamos por algo, estos versos, que nunca comprendimos del todo: Al tiempo hay que darle tiempo, / que el tiempo tiempo nos da; / y el mismo tiempo nos dice / que él nos desengañará.
 Y al padre Selique, hoy monseñor Luis Enrique Hoyos, le oí en una homilía dominical lo más importante: “el tiempo es la moneda con la que compramos la eternidad”.
Jaime Pinzón M., presbítero

Los planes de desarrollo
 Señor director:
Colombia ha tenido planes nacionales muy serios y efectivos. Es una desvergonzada falacia decir lo contrario.
Las nuevas autoridades ejecutivas de la nación Colombiana, si lo miramos a la luz de un Consejo de Ministros, no pueden olvidar que el país traía un Plan nacional de desarrollo donde existen interesantes proyectos de todo tipo sectorial, que no merecerían el borrón y cuenta nueva. Todos los participantes en los Diálogos Vinculantes deben estar también muy atentos con los próximos planes de desarrollo de las entidades territoriales, que todas traen sus ordenamientos en ese sentido. Lo anterior para decir que el país no nació ayer. Lleva una importante trayectoria con sus planes nacionales que a su interior han tenido valiosas estrategias para que la economía funcione siempre mejor en sus resultados económico-sociales. Decir que en Colombia todo es malo y perverso es la desafortunada falacia de la que hacen uso espíritus nada comprometidos con la convivencia pacífica y la paz, además capturados por el complejo de Adán. El renovado Congreso tampoco puede olvidar lo supradicho.
Lo que sí es claro y de veras interesante es que los Diálogos Vinculantes, generan valiosa colección de proyectos sectoriales, que sin duda van a formar parte de los planes de desarrollo de departamentos y municipios, así como de entidades territoriales indígenas, en el período 2024-2027. En esto debe hacer claridad el gobierno a las comunidades, porque la infinidad de proyectos e ideas que se gestan en los Diálogos Vinculantes no caben todos en el plan nacional. Para eso existen los de las entidades territoriales, que en variada proporción reciben apoyo financiero de los Ministerios y sus entidades adscritas.
Rogelio Vallejo Obando

En el itinerario de nuestra vida
Señor director:
Así, como cuando conducimos un vehículo por la vía, debemos guiar nuestro ser por la senda de la vida. Sabiendo cuando marchar, cuando detenernos, cuando acelerar el paso. Evitando en lo mejor posible los malos caminos, los trayectos peligrosos; eludiendo los abismos y los senderos que pudieran conducirnos a nuestra perdición.
Diego Osorio Ramírez

Un Estado corruptor de menores
Señor director:

He visto en estos días, en la prensa escrita y en otros medios, unos cuantos de los muchos análisis que se han hecho de los cien primeros días del gobierno actual. Peligrosísimo me parece, y fatal, que los colombianos nos plantemos con una especie de estúpida  resignación y en un silencio tembloroso ante lo que está sucediendo…
Y quiero referirme a algo que debería poner en pie de lucha a todos los que queremos conservar una patria con fundamentos éticos y antropológicos; esa patria que nos legaron los mayores y contra cuyos fundamentos de cristiana orientación avanza la labor de zapa de sus enemigos. Me refiero al proyecto de ley 229, que cursa en el Congreso; se empezó a tramitar en el pusilánime gobierno anterior, y tuvo su origen en el partido Verde; ahora va ya a segundo debate, y ha recibido el visto bueno del gobierno de Petro, cuyos ministros de Hacienda y de Educación, ¡qué raro!, lo han avalado. Ese proyecto es, nada menos, un plan oficial estructurado y calculado para la más inicua corrupción de menores llevada a cabo, sistemáticamente, por el Estado. Busca, según reza su texto, “promover la educación integral en sexualidad en todos los colegios”; y para lograrlo, se fija dos objetivos : el primero, “romper estereotipos”…el segundo, poner en manos del Estado, arrebatándola a los padres de familia y a los educadores privados, toda la formación moral y afectiva de los niños y adolescentes. Los estereotipos que hay que raer son, por supuesto, el de una sexualidad basada en la ley natural que establece la dualidad de sexos, que ha de ser substituida por la aberrante multiplicidad que prohija la perversa ideología de género; la institución de la familia como Dios la ha establecido, con la que se pretende equiparar toda clase de uniones y de relaciones, aun las más extravagantes, anormales y pecaminosas; la maravillosa diferencia y complementariedad establecidas por la ley natural entre hombre y mujer; la sacralidad del cuerpo humano; la autoridad irrenunciable de los progenitores y su derecho a decidir sobre el tipo de educación que quieren para sus vástagos…El malhadado proyecto establece como obligatoria para todos los establecimientos de educación, públicos y privados, la adopción de esas líneas educativas; si un colegio privado se negare a adoptarlas, se le prohibirá impartir educación sexual; los profesores de la “asignatura” de educación sexual tendrán que ser obligatoriamente formados por el Estado y no podrán ser escogidos por el establecimiento sino nombrados por el Ministerio; la educación sexual, óigase bien, no podrá impartirse a la luz de una ética, una moral determinada o un sistema religioso. ¿Quién no ve lo que hay detrás de determinaciones como éstas? Se pretende violar descaradamente la autonomía de los padres de familia y de los colegios privados.
Lo reitero: frente a todo esto, deberíamos ponernos en pie  todos los que nos sentimos aún llamados a cuidar a nuestros niños y adolescentes; debería levantarse la voz de prelados, sacerdotes y pastores de toda confesión religiosa; la de los legisladores y políticos católicos contra los vocingleros del ateísmo y la amoralidad marxista; la de los padres de familia y los educadores cristianos, contra la acción ponzoñosa de Fecode; la de los colombianos de verdad contra un proyecto de ley que es corruptor y mefítico. ¡Tenemos que atajarlo!
 Mario García Isaza  

Carlos Arturo Torres
Señor director:

En estos días, el atildado columnista Mauricio Uribe López, contó en su columna de La Patria (12, IX), que había descubierto el libro Idola Fori, y en él, el pensamiento de Carlos Arturo Torres, autor del cual, nos confiesa, no había escuchado antes. Personalmente me emocioné, que trajera al hoy, las ideas de este prosista extraordinario, filósofo de la política, en ese y otros ensayos, crítico de literatura, periodista firme, y equilibrado, dada la época en que actuó, diplomático, ministro, poeta, traductor y hasta dramaturgo.
Más que positivo el que el profesor Uribe, que lo es en universidades de Antioquia, haya revelado la existencia olvidada y todavía actual de esa obra, y a su vez que a él se le haya revelado el nombre de este pensador, tan sobresaliente a finales del siglo XIX y en la primera década del XX, ya que murió demasiado joven, a los 44 años, dejando una serie de libros, que todavía ofrecen sorprendente interés y nos dicen mucho. El que un académico culto, reflexivo, y de interesantes opiniones, como las que expresa en su espacio habitual en el diario impreso de la ciudad, Mauricio Uribe López,  que es de origen manizaleño, no supiera del escritor boyacense, teniendo la formación que sabemos que tiene, no me extraña, porque igual sucede con todos los de su generación y la de los que fueron sus profesores, con las excepciones debidas, que inclusive, lo llevaron a descubrirlo. 
Es que del ilustre Carlos Arturo Torres, que nació en Santa Rosa de Viterbo el 18 de abril de 1867 y murió en Caracas el 11 de julio de 1911, supimos los estudiantes del pasado, en el bachillerato anterior al de 1980, pues la clase de Literatura Colombiana era de tres horas semanales, en el grado 11, y Torres ocupó un buen espacio (seis páginas), entre don Marco Fidel Suárez y don Baldomero Sanín Cano, en el texto sobre la materia, del padre José A. Núñez Segura S.J, que fue el que estudiamos en el colegio, y del que Daniel Samper Pizano hizo alguna vez en El Tiempo, una graciosa pero admirativa evocación, porque también en él aprendió, y lo padeció. 
Como fueron las clases de mayor interés personal, para mí, al igual que las de la Literatura Universal en 9o. y de Literatura Española, en 10º, muy completas, y de igual intensidad horaria, consultaba por mí mismo otros textos, como los de Bayona Posada, Otero Muñoz, Juan de Dios Arias, etc, y en todos, ocupa amplio espacio la obra de Carlos Arturo Torres. Y claro, lo leí. Si se da la oportunidad y el interés, hasta dedico un trabajo más diciente sobre el escritor, del que conservo algunas obras. La Academia Boyacense de Historia editó una revista en su homenaje, hace un tiempo, lo mismo que otras más recientes, y el No 12, de la colección Clásicos Colombianos, de Procultura, (1990), es un volumen que sobre su vida y obra, escribió el filósofo e investigador, Rubén Sierra Mejía.
Hernando Salazar Patiño

Aeropuerto del Café
Señor Director

Cuántos viajes perdidos al aeropuerto La Nubia para despachar parientes o amigos a otras ciudades para cumplir un itinerario previamente convenido con la aerolínea que, no obstante, se aplazaba una y otra hora para que al final de la tarde, una voz alta nos dijera que el vuelo se haría al día siguiente para de nuevo repetir la historia ofreciendo como alternativa conducirnos a la ciudad de Pereira, más si algún trancón -nada raro- impedía cumplir con exactitud el horario, recibir allí la noticia de que nuestro vuelo ya quedaba para el último vuelo nocturno.
Y cuántos eventos locales programados con inclusión de profesores externos sufrían un drama parecido con la misma razón básica del cierre aeroportuario local, cancelación del conferencista y el amargo sabor de una ciudad importante que solo ofrece desplazamientos terrestres con nuevas contingencias cuando hay que atravesar montañas. Y qué decir cuando de posibles inversionistas se trata.
Cuántas empresas o industrias quisieran hacer sus eventos administrativos anuales en nuestra ciudad y cuántas giras turísticas desearían programar ante los atractivos que ofrece nuestra región frustrados ante tanta incertidumbre para el desplazamiento. Aerocafé es una necesidad impostergable, más cuando desde 1937 se clama y se reclama, cuando en ese periodo nos pasaron, ahí sí, por encima de pueblos y ciudades que contaron con mejor suerte y porqué no decirlo, en el caso del gobierno del dr. Juan Manuel Santos se hicieron o se ampliaron 60 aeropuertos de ciudades grandes y pequeñas que también se lo merecen, pero Manizales y sus gentes que con arrojo sembraron de café estas montañas, que apalancan con las divisas producidas el desarrollo del país, debe por lo menos contar con igual o mejor suerte.
Me pregunto si no habrá llegado ya la hora de contar con nuestro aeropuerto, máxime cuando ya se han cumplido todas las etapas previas de estudios de factibilidad, de suelos y hasta de los vientos y contamos con patrimonio autónomo suficiente por ahora.
No nos pueden seguir endilgando malversaciones del pasado, de las cuales se debería encargar la justicia y con pena hay que reconocerlo el país se hubiera convertido en estatua de sal si los hechos de corrupción que campean por todas partes hubiesen paralizado obras públicas como las vías y programas tan necesarios como el de la alimentación infantil.
El tema del aeropuerto es obligada discusión favorable en las tertulias profesionales, en las apacibles reuniones familiares, todos en Manizales tenemos claro y apoyamos con nuestro aliento este proyecto tan definitivo para la mejor evolución de nuestro desarrollo y progreso.
Jahír Giraldo González